Los curas no misan en Boisaca

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PACO RODRÍGUEZ

Crónica | La capilla del tanatorio todavía no se ha estrenado Vecinos de la zona del Tambre mostraron su indignación por la negativa del párroco a oficiar la ceremonia litúrgica de un sepelio en la estancia habilitada en el tanatorio municipal

29 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

El tanatorio de Boisaca tiene una magnífica y espaciosa capilla, que está estratégicamente situada al lado del cementerio. Pero, salvo la ceremonia inaugural, permanece inédita. Y tiene pinta de seguir estándolo por mucho tiempo. Y es que los párrocos no se ven colocándose la estola y la casulla en el desamparado templo. Alguno ha cosechado sonoros cabreos. El encargado de una parroquia compostelana se pronunció claramente sobre la posibilidad de misar en Boisaca: «Fuera de mi iglesia no celebraré ninguna misa de funeral». No es una opinión generalizada, claro está, pero por el momento los asientos de la capilla han permanecido siempre vacíos. A veces, contra la voluntad de la feligresía. En los pasados días le tocó el turno del descanso eterno a un ciudadano que residía precisamente en el radio de acción del tanatorio. En estas instalaciones lo estuvieron velando sus deudos, y desde ahí a la tumba había unos pasos. La zona depende de la parroquia de San Caetano. La gente le pidió al sacerdote que la misa del sepelio se celebrase en la capilla del tanatorio, pero sus súplicas se las llevó el viento. El cura llevó la ceremonia fúnebre al templo parroquial, y el enfado de los feligreses fue patente. La indignación de algunos estuvo subida de tono. Muchos de los asistentes residían en las inmediaciones de Boisaca y bajar para volver a subir les suponía un incordio. Alguien comentó que el sacerdote «non tiña o seu día». Los afectados recibieron como respuesta que la capilla estaba sin terminar. Pero ante sus mismas narices estaba allí, conclusa. Lo curioso del caso es que el párroco don Víctor, catalogado como un «buen hombre», acudió presuroso a oficiar una misa para bautizar el nuevo templo, a petición de los gestores del tanatorio. La ceremonia vino a sacralizar la espaciosa estancia y a validarla para celebraciones litúrgicas. Sólo algún que otro desconsolado velador impide que los asientos cojan polvo. Y el hecho es que la capilla tiene capacidad suficiente para acoger al menos unas trescientas personas. Una holgura mayor que la de algunos templos, por ejemplo el de San Caetano. Lo paradójico del desuso de la capilla es que en muchos casos el difunto sale del tanatorio de Boisaca, viaja hasta la correspondiente iglesia parroquial, y retorna a Boisaca. Un camino de ida y vuelta que, al menos aparentemente, choca contra la lógica. Vence la tradición y la actitud reacia a los cambios. Y eso que «este é un sitio excepcional para facer misas», dice el gerente del tanatorio, Ramón Seoane. Lo que hace falta, a su juicio, es que «alguien rompa el fuego». A las funerarias el asunto no les va ni les viene. «Si nos piden que la misa se celebre en Boisaca, no tendríamos inconveniente», dicen representantes de Funeraria Compostela. Hasta ahora todos los difuntos han recalado en las iglesias parroquiales.