DE REOJO | O |
26 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.ME IRÍA a dormir más tranquilo si fuese miembro de las asociaciones de padres de alumnos de Ames o Brión. Les envidio porque soñaría más feliz al haber logrado la construcción de nuevos centros educativos, unos bienes fundamentales. No se trata de un logro pasajero, o que sólo repercuta en los hijos de unos pocos. Un colegio o un instituto son fuentes de vida, porque la ignorancia es la peor enfermedad. Generan empleos y ayudan a vertebrar una población. Brión y Ames serán más grandes y hermosos desde su apertura. Pero el ejemplo debe cundir. El presidente de una de las agrupaciones me dijo ayer: «Hay que invertir en la gente». Unas palabras que son perlas de pura sabiduría. En Ames y Brión está la gente en la que hay que gastar de verdad: los niños. En el futuro, ellos se encargarán de alimentarnos, enmendarán nuestros errores (si es que pueden) y nos juzgarán. Si fuese miembro de estas asociaciones no sólo estaría orgulloso de lo conseguido, sino del compromiso de vigilar su cumplimiento. Soñaría como un custodio del saber.