Rafael Pardo Pedernera dedicó casi cuatro horas a defender a capa y espada al empresario El juicio por el caso Pastor finaliza esta mañana con el informe del letrado del banco
23 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.«Mi cliente ha sido condenado mediáticamente desde el año 91, ha salido [en la prensa] que era un delincuente». De esta manera arrancó ayer el informe final del abogado Rafael Pardo Pedernera, defensor de Juan Manuel Pintos Sanmartín en la vista oral por el caso Pastor que hoy finalizará en la sala compostelana de la Audiencia. Pardo quiso dejar claro que su representado estuvo en la cárcel y prestó declaración, únicamente, en relación «con un delito monetario que ya está despenalizado» y aseguró que su cliente «no ha robado, ni ha estafado, ni se ha apropiado de ningún dinero del Banco Pastor», al tiempo que lanzaba una pregunta al aire: «¿En qué colaboró Pintos en la debacle que ha supuesto para el Banco Pastor la actuación desleal del señor Rodríguez Casal?». No desaprovechó la ocasión para sembrar dudas acerca de la actuación del Pastor en el proceso, lo que materializó preguntándose «qué documentos no habrá manipulado el banco durante tres años que los tuvo a su disposición». Según la defensa, Pintos acudió a la oficina urbana 1 del Pastor como un cliente más. «¿Por qué era la sucursal número 1? ¡Porque pagaba extratipos y allí iba todo Santiago! La gente iba a conseguir un extratipo del Banco Pastor, no a ver a Rodríguez Casal -dijo el abogado-, yo iría mañana. Lo que ocurre es que Casal les ha engañado después». La carta El defensor sacó a colación la carta autoinculpatoria que Pepe escribió a su jefe descubriendo la complicada contabilidad de su oficina. Y centró la atención especialmente en el párrafo en que Rodríguez Casal dice que hay entre cincuenta y sesenta personas afectadas pero, los que más, -entre otros- los hermanos Pintos. No ocultó su intención de emprender acciones contra quienes, considera, han mentido durante el juicio y puso en cuestión las inspecciones de que fue objeto la oficina de Casal durante sus años en activo. «¡Preferían mirar para otro lado!», aseveró. «Lo que está claro es que la actuación del señor Rodríguez Casal la sabía alguien más que el señor Rodríguez Casal», continuó el letrado, justo antes de pedir que se le explicara cómo era posible que se pagasen intereses sobre algo que no existe. También echó mano de una larga lista de clientes que, a pesar de tener sus libretas manuscritas por Casal -supuestamente al margen de la contabilidad oficial del banco-, han cobrado la indemnización que reclamaron, algo que no se hizo con Pintos y la famosa cuenta 300426, que el Pastor considera falsa y que también está escrita a mano. El resto de la defensa de Rafael Pardo Pedernera se centró en enumerar una ingente cantidad de gestiones hechas por su cliente, tanto a la hora de reclamarle al Pastor los saldos de sus cuentas, como para colaborar con la investigación en todo lo que fue requerido. Previamente a reclamar la prescripción -en cualquier caso- de un delito que está seguro de que no existe, el defensor, emocionadísimo, sentenció: «Creo que es un inocente que está sentado en el banquillo». Minutos antes se había mostrado convencido de que si los inspectores no encontraron morosidad en la oficina de Casal fue, precisamente, porque esa morosidad recaía sobre las cuentas de Pintos, víctima y no delincuente según Pardo.