Todos sanos

DAVID GIPPINI

SANTIAGO

ENTRE LÍNEAS | O |

11 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

ÚLTIMAMENTE, a los administradores de la cosa pública parece haberles entrado un interés desmedido por nuestra salud, y no dejan de darnos consejos que, procediendo de donde proceden, pronto se convierten en órdenes. Y así, lo de fumar en el puesto de trabajo se terminará muy pronto, del mismo modo que antes pasaron a la historia, al menos sobre el papel, otros hábitos muy poco sanos o incluso temerarios, como conducir sin cinturón de seguridad o beber antes de cumplir la mayoría de edad. En los últimos tiempos, además, las campañas institucionales también hacen referencia a la necesidad de comer sano, y quizás no falte mucho tiempo antes de que se prohíba la ingesta de hamburguesas o las patatas fritas pasen a ser consideradas una sustancia ilegal. Pase. Todos estamos dispuestos a realizar sacrificios en beneficio de la comunidad, y está claro que un país de gordos con el colesterol por las nubes sale muy caro. Lo malo de todo esto es que quien dicta las normas debe tener un mínimo de autoridad moral, y no creo que estén dispuestos a concedérsela a nuestras autoridades sanitarias los 5.000 compostelanos pendientes de pasar por el quirófano en el Clínico o las 30.000 personas que esperan cita para consultar a un especialista. Tampoco los médicos o los enfermeros del Sergas que cada año hacen huelga o amenazan con convocarla porque se sienten mal pagados y peor considerados, sobre todo cuando se comparan con sus colegas de otras comunidades o con los compañeros de facultad que tuvieron en su día la feliz idea de emigrar a Francia o Portugal. Así, con listas de espera estratosféricas, hospitales saturados y una inversión pobre resulta difícil apelar a la responsabilidad de los ciudadanos. Porque, la verdad, no se me ocurre mejor forma de matar el tiempo mientras uno guarda turno para que le atienda el médico que echar un pitillito.