Prioridades

| MARÍA GONZÁLEZ |

SANTIAGO

ANTES poder costearse la universidad era el único requisito para acceder a ella. Los que podían económicamente iban, y los demás no. Ahora, afortunadamente, hay otros criterios más racionales para acceder a las facultades gallegas, y también hay criterios más racionales para no ir a ellas. De ahí que el descenso de estudiantes no debería preocupar extremadamente a las instituciones académicas, sino garantizar que la docencia y la investigación que se llevan a cabo en ellas sean de calidad. En un momento en el que el último informe de la OCDE acaba de dejar claro que España es el único país de esta organización en donde una titulación universitaria no garantiza un puesto de trabajo, lo de menos es que las aulas de las facultades rebosen de estudiantes. Lo de más es que esta formación redunde en el acceso a un puesto de trabajo estable y digno para ellos.