ENTRE LÍNEAS | O |
02 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.SEPTIEMBRE, CON EL permiso de la Navidad, es el tiempo de las ilusiones y loas buenos propósitos. Y cada uno elige los suyos: unos se disponen a aprender, esta vez sí, un idioma que suele ser el inglés; otros se apuntan al gimnasio, o a clases de guitarra, o reúnen toda su buena voluntad para volver a estudiar y se matriculan en aquella carrera que en su día no pudieron cursar. Hay incluso quien vuelca los excedentes de energía acumulados durante el verano en hacer uno de esos coleccionables por entregas que anuncian en televisión. Aunque esto último daría para otro artículo, porque creo que todos nos preguntamos qué clase de personas están dispuestas a invertir más de 600 euros y a esperar un año para convertirse en el afortunado propietario de una casa de muñecas de estilo andaluz. Quizá tenga algo que ver con la burbuja inmobiliaria y haya quien lo vea como una inversión. El caso es que todos caemos en el mismo error de sumar obligaciones a nuestra agenda; pensamos que el tiempo elástico del verano será eterno y que podremos con todo, pero pronto comprendemos que no es verdad. Y así arrinconamos el inglés, la guitarra, el gimnasio e incluso el coleccionable. Así que mi propósito para este año es menos ambicioso y más lúdico: menos trabajo y más diversión. Toda la posible.