Reportaje | Convivencia en San Martiño Pinario Treinta jóvenes creadores, de diferentes disciplinas, se enclaustran en Santiago durante un mes para llevar a cabo diferentes proyectos individuales
01 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Un sótano alquilado, a las afueras de Nueva York, fue el lugar escogido por Bob Dylan y The Band a finales de los sesenta para renovar el imaginario e innovar su espíritu creativo, convencidos de que al unir ideas, darían a luz creaciones inéditas. Los resultados son incuestionables. En el 2005 se traslada la idea a Santiago. Pero en un marco más apetitoso, para que a la inspiración no le falte hueco donde desarrollarse. El monasterio de San Martiño Pinario es lugar de encuentro de artistas durante todo el mes de septiembre. La idea surge en una reunión de profesionales del arte, artistas y la Xunta. Entre análisis del sector, y propuestas para incentivar su presencia en Galicia, destaca la idea del escultor Jorge Couceiro: «La creación de un sistema de becas en residencia, mediante la cual tu pudieses tener, durante un tiempo determinado, un espacio para trabajar y para vivir en compañía de otros e interrelacionarse». Se matizaron algunas cuestiones y finalmente la Consellería de Cultura ofertó treinta becas para que los elegidos pudiesen desarrollar el proyecto que presentaron en la solicitud. Antón Sobral, coordinador del taller, reconoce «el alto nivel de todos los artistas que conforman la convivencia en el monasterio», y confía en el elemento enriquecedor de la unión interdisciplinar, ya que «la interacción de diferentes concepciones artísticas puede trascender en ideas innovadoras», sentencia. Uno de los planteamientos de la beca es la posibilidad de sugerir y compartir ideas que se puedan incorporar en el trabajo de los compañeros. Tiempo no faltará, ya que los creadores compartirán treinta días y treinta noches para producir, convivir, argumentar ideas, comunicar sensaciones y aportar impresiones. El hábito no hace al monje, así que no se cumplirán horarios, ni pautas eclesiásticas, a pesar del ambiente religioso que envuelve la escena. «Escogimos el monasterio porque creemos que, después de la catedral, es el espacio más impresionante de la ciudad», cuenta Antón. Vulnerable a la inspiración, seguro. Porque la simbiosis de silencio, aura y grandiosidad del claustro, lo convierten en un lugar casi de culto. «Aquí será donde creen algunos de los artistas», cuenta Sobral, señalando la construcción barroca. El resultado es casi una evidencia. Aunque no todos crearán entre piedras, porque hay artistas que convertirán el espacio en material vital para el desarrollo de la obra. «Hay una chica que hace performance, así que necesitará la ciudad como escenario de creación y exhibición», cuenta Antía Otero, coordinadora del proyecto. Iván Prieto es originario de O Barco y licenciado en Bellas Artes. Recreará un habitáculo a través de muebles, el diseño de un papel de pared y figuras. Convertirá lo inanimado en animado y hará hablar a las imágenes. Sin milagro, o con el del arte. En el 1968, Dylan era futuro, y hoy todo una leyenda. La respuesta está en San Martiño Pinario.