La esencia del Camino

La Voz

SANTIAGO

IAGO VIANA

Patio de vecinos Preparar la cena cuesta dinero, pero compartirla con el resto de peregrinos no tiene precio

31 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

El grupo de la foto y el resto de sus compañeros, una cuadrilla de más de treinta peregrinos, pusieron la nota folclórica a la mañana de ayer en el Obradoiro. Llevaban ansiando ese momento desde que comenzaran su caminata, y tenían preparado algo especial para la ocasión. Lejos de teñir su llegada a la catedral de la solemnidad con que lo hacen otros, se lo tomaron como una auténtica fiesta y, cuando estuvieron seguros de que ya se habían reunido todos los miembros del grupo, sorprendieron a los presentes con una divertida coreografía al son de la canción Hola, me llamo Curro. Entre ellos había cinco italianos (Marco, Alberto, Martina, Giulia y Marco) un inglés (Anthoni), un irlandés (Fergal) y dos perros, Pimienta y Rufus, que les acompañaron desde su salida en Roncesvalles. El resto del grupo se componía de malagueños, valencianos y catalanes. Varios de estos últimos tuvieron que dormir al raso el día del cumpleaños de Marco, porque el encargado del albergue les expulsó por alborotadores. «Lo mejor del Camino, la esencia, es compartir todos juntos la cena», comentaba Víctor, aunque había quien guardaba mejor recuerdo de las hospitaleras de Villafranca del Bierzo. «Habría que potenciar la presencia femenina en el Camino», dice Jordi, y eso que él fue de los afortunados que triunfaron. Después de soportar la proliferación de ampollas y algún proceso vírico, como la gastroenteritis de Fran, lo que prima en el ambiente son las ganas de fiesta. «A las ocho y media todo el mundo al Obradoiro», dice Fran, y no se refiere sólo a sus compañeros de viaje, sino a todo aquel que se cruza por la calle. Se masca la tragedia. A Valentí se le sube a la cabeza su reencuentro con el alcohol en Melide, después de muchos días, para acompañar el pulpo: «Con sólo dos copas iba fatal». No le queda nada. Eva Maria y Michaela son dos alemanas de Regensburg, en Baviera, que 31 días después de su salida desde Pamplona llegaron ayer a Compostela. Su mejor recuerdo es el de una multitudinaria cena en casa de una familia que cocinó paella y ofreció vino y conversación a cincuenta peregrinos. Los alemanes, como tantos otros extranjeros, nos sacan los colores en manejo de los idiomas: «Es muy importante saber algo de español si vienes a España», se lamenta Michaela en perfecto inglés. «Lo peor de todo son los ronquidos en los albergues», comenta. La obra del escultor Cándido Pazos estará presente en el coloquio que mañana tendrá lugar en la sede de la Unesco en Madrid sobre Refundación de las ciudades en las civilizaciones Maya y Egipcia. Lo organiza la Fundación para la Investigación y Divulgación del Antiguo Egipto, entidad que impulsa una gran exposición de arte egipcio que visitará Galicia y en la que se podrá contemplar la reinterpretación que Pazos ha hecho del Faro de Alejandría.