Reportaje | Recepción municipal a Música en Compostela El Concello homenajeó a los alumnos y profesores del curso internacional en un acto de reconocimiento por el esfuerzo y de agradecimiento por su historial de 48 años
22 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La terraza del Ayuntamiento sonó a gloria, pero con los instrumentos apoyados en la recepción del Pazo de Raxoi. Sus dueños, alumnos del curso Música en Compostela , se debatían entre canapés, cañas y animadas conversaciones sobre el tiempo compartido en la capital gallega. Minutos antes, García-Sabell, alcaldesa en funciones, les daba la bienvenida y se enorgullecía de poder acoger en la ciudad una convocatoria de tal envergadura, con tantos años de historia, impartida por los grandes maestros de la música nacional y de tanto prestigio internacional. De hecho, japoneses, argentinos, colombianos, bolivianos, españoles y escasos gallegos aplaudían su intervención y corroboraban sus palabras. «Es mi primera vez en Santiago. Reconozco que no tenía un conocimiento profundo de la música española, pero el curso es fantástico. Un lujo», cuenta Ambrosio Valero. Y es eso, un lujo al alcance de muy pocos. Cien virtuosos escogidos por currículum. Una media de edad de 25 años en unas jornadas con 48 ediciones de antigüedad a sus espaldas y el único curso internacional centrado en música de un solo país. «Es necesario difundir la música española, existe todavía mucha ignorancia. Me atrevería a comparar en importancia a Mozart y Manuel de Falla. Y sin embargo, nadie los incluiría nunca en la misma categoría», cuenta Leonardo, violinista profesional. Aunque todo responde a una cuestión de enfoques, desde el pesimismo sepulcral al optimismo más convencido: «La música española recibe el mérito que merece. Aquellas confusiones históricas de la música española con la españolada ya son historia», responde Antonio Iglesias, director del curso. Una auténtica demostración del lenguaje universalizante con el que se comunica la música, a pesar de que las piezas tengan lugar de origen y el propio matiz que le confiere su destino. Tocar a Arriaga desde la educación musical japonesa, o a Manuel de Falla a partir de la percepción francesa. La música ejerce su papel seductor, sin supervivientes. «Este año fui a dar una clase magistral a Japón porque los alumnos del año pasado quedaron maravillados con la música española», cuenta Iglesias. Todos se apresuran a elogiar la organización: «Funciona a la perfección, desde el acto de apertura hasta el de clausura», asegura Leonardo antes de volver a sus clases de violín.