Obras sí, obras no

|MARGA MOSTEIRO |

SANTIAGO

LA REACCIÓN de las personas ante el inicio de las obras suele ser siempre el mismo. Habitualmente las quejas están dirigidas al temor por tener que soportar largos plazos de trabajos, con un final siempre dudoso. Los dos meses casi siempre se convierten en cuatro y los cuatro, en seis. Los comerciantes están preocupados por la fuga de clientes y los vecinos se preguntan dónde aparcarán sus vehículos ante el anuncio de la desaparición de plazas en superficie. Los primeros deberían empezar a pensar en fórmulas para conquistar al cliente; los segundos tienen una solución más difícil. Los residentes en Ramírez no disponen de plazas privadas en sus edificios, por lo que el Concello podría pensar en crear una bolsa de aparcamiento para estos residentes; especialmente, para aquellos cuyos recursos (jubilados o parados, por ejemplo) no pueden acceder a los «módicos» precios de la praza Roxa.