Reportaje | Una noche de sábado patrullando con los miembros de Policía Local de Ordes Más de ocho horas de vigilancia a lo largo de las cuales los agentes municipales no disponen de un momento de respiro. Conatos de peleas, robos y hasta un accidente en una jornada «tranquila y sin novedad»
28 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?ábado en Ordes. Noche de movida y hace un frío de mil demonios que no parece preocupar a los que tienen ganas de marcha. Hoy -22 de enero- hay dispositivo de seguridad especial ya que hace una semana apuñalaron al joven ordense Orlando M.P. y hay rumores de posibles intentos de revancha. Desde las 23.00 horas, tres patrullas compuestas por siete agentes de la Policía Local -dos de ellos venidos de Arteixo- vigilarán la noche con otras tres dotaciones de la Guardia Civil. Normalmente sólo hay una. Al volante de la patrulla 04, Eduardo, cabo de la policía municipal de Ordes, y a su lado Millet, uno de los agentes venidos de Arteixo. Lo primero, controlar la llegada de los autobuses que fleta una discoteca. Hoy han venido siete, desde Santiago, A Coruña y Ferrol. Sin novedad. Lo siguiente es controlar que las isletas no se llenen de coches, mientras las patrullas 07 y 05 dan vueltas por el Campo da Feira. «Vai chegar un día en que pase algo e os bombeiros non poidan maniobrar», avisa Eduardo. La presencia de la patrulla sirve de advertencia y el cabo decide acercarse hasta el botellón. En los soportales de la piscina, cientos de jóvenes se montan la fiesta al frío. Un aparato que parece la turbina de un avión, y que ocupa el maletero de un coche, pone la música. Todavía nadie se ha quejado del ruido. De nuevo al punto de partida. Las isletas se han llenado de coches. Es hora de llamar a la grúa municipal. En total, cinco retiradas y otros tantos enfados de conductores por tener que pagar 150 euros de multa más los 35 de retirada del depósito. Entre tanto, 07 acaba de denunciar a un menor que iba al volante del coche de su novia. Conducía «sin la diligencia debida» e intentó escapar. «Mellor que llo vaias contando ao teu pai e que non se entere cando lle chegue a multa á casa», le recomienda la agente Lourdes. El improvisado fitipaldi ya no tiene ganas de fiesta. La radio es una ida y venida de matrículas sospechosas y descripciones de jóvenes conocidos por sus «relaciones» con la local. Uno se sorprende al descubrir el control de los agentes sobre las caras de los asiduos a la marcha ordense. La noche pasa y el agente Fernando se lamenta de que se le haya escapado una furgoneta con una matrícula registrada en otro turismo. «Non te preocupes, mañán vas buscala a Carballo que seguro é de por alí», bromea Millet, sabedor de la habilidad de su compañero para recordar placas. A las 5.00 cierra el mayor local de copas y comienza la retirada. Es la hora de patrullar las parroquias, ya que la moda es acabar la noche con alguna gamberrada. Volvemos a Ordes poco antes de las 7.00 con la mente puesta en un Colacao caliente. Tendrá que esperar. Un Astra se ha empotrado contra un comercio en Alfonso Senra. Toca hacer el parte. Casi cuarenta minutos. Tras esto, el Colacao marca la retirada. Son las 8.00 horas del domingo y a Fernando lo esperan para ir de caza.