La clave del baile antillano

La Voz

SANTIAGO

16 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?l consulado, aunque empezó a sospechar, tramitó las solicitudes a Asuntos Exteriores que, antes de pronunciarse, pidió un informe laboral. La cosa cantaba. ¿Veinte bailarinas antillanas en Padrón de una tacada? Eso sólo lo puede encargar sin levantar sospechas José Luis Moreno para un show, y no era el caso. La máquina policial se puso en marcha pero, para entonces, los visados ya habían sido cursados. Lo más increíble es cómo se las ingeniaron ante el INEM para que, al pedir veinte bailarinas de golpe, no les mandasen a alguno de los muchos parados gallegos disponibles. En la solicitud hicieron constar que las mujeres debían ser especialistas en bachata y ballenato, con edades comprendidas entre los veinte y los cuarenta. Claro, la demanda quedó sin cubrir, que es de lo que se trataba. La detención en la República Dominicana del cabecilla echó por tierra el montaje y sólo dos de las mujeres consiguieron llegar al Sheratton, que dirigía este individuo. Lejos de escarmentar y expulsado del país, el procesado probó suerte, a través de intermediarios, en Colombia. Allí, la técnica de contratación fue menos imaginativa y más cruel: un compinche engañó otras mujeres con ofertas para trabajar en España en un bar o en el servicio doméstico. Una llegó a hipotecar la casa de su madre para garantizar que le devolvería a sus jefes el importe del viaje y los gastos. Una vez en España, el destino era bien distinto. Lo que en realidad les aguardaba era la prostitución bajo coacciones y amenazas. A otras se las informó de cuál sería su actividad real, pero se las tentó con enormes sumas de dinero. Detrás de la oferta no había más que explotación.