«Estamos hartos de 'pijigrinos'»

Míriam F. Louzao SANTIAGO

SANTIAGO

Los caminantes se quejan de los turistas que se aprovechan de las instalaciones sin peregrinar y piden que se cobre en los albergues para evitar que esto siga sucediendo

14 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Presumir de tierra. Senén es un chico gallego, más concretamente de Barreiros (Lugo) que, por circunstancias de la vida, vive en Gran Canaria. Pero como todo buen gallego, Senén no se olvida de su tierra así que decidió que quería enseñarsela a dos amigos canarios y pensó que la mejor manera era haciendo el Camino de Santiago, para poder ver mejor de cerca todos los paisajes. Así que avisó a un amigo suyo de Barreiros, Pablo y hace unos días comenzaron a pedalear en Mérida los dos para enseñarles Galicia a Javier y Eduardo. Senén ya había peregrinado a Compostela, pero por el Camino Francés, por lo que esta vez eligió la Vía de la Plata. Además, este chico lucense cree que el Camino Francés es más espiritual, pero en cuanto a aventura, es mucho mejor la Vía de la Plata, «porque tiene menos instalaciones e infraestructura y está menos señalizada». Precisamente por la falta de señalización se perdieron en Cáceres y en el tramo que va de Cañaveral hasta Aldeanueva del Camino, hicieron 30 kilómetros de más. Estos chicos opinan que se debería pagar en los albergues, aunque fuera un precio simbólico porque creen que es el único modo de librarse de los pijigrinos que son, según ellos, «peregrinos de pacotilla, turistas cutres que se aprovechan de las infraestructuras para venir gratis de vacaciones». Senén se vuelve a Canarias feliz de enseñarle su tierra a sus amigos de las islas y no quiere irse sin antes tener un recuerdo agradable para la policía local de Ourense. Los escoltaron por todo el centro de la ciudad para evitar que se perdieran y para pasar por un puente que es peligroso para los ciclistas. Todos recuerdan entre risas como la gente los miraba y se preguntaba quienes serían «aquellos pijos escoltados por la policía». Pánico a los roedores. Muchas veces te lanzas a la aventura y después de haber conseguido metas muy grandes, la más pequeñita de las cosas hace que te rindas totalmente. Eso es lo que le pasó a Loly cuando tuvo que pasar la noche en un albergue acompañada por un simpático ratón. Loly hizo el Camino de Santiago con su hija Mayte desde Sarria. Ellas viven en Gijón, pero en realidad son de Xinzo de Limia. Oyeran hablar mucho del Camino, así que decidieron vivir esa experiencia juntas. Ayer recordaban que lo mejor fueron los paisajes y la gente y lo peor el cansancio físico, «lo duro que es» y la noche que tuvieron que pasar con el ratón. Lo recordaban entre risas, pero Loly asegura haber pasado mucho miedo porque les tienen verdadero pánico. Además, les comió un trozo de manteca de ciervo que les diera un alemán para los pies, por lo que el fastidio fue doble. La conclusión es que, a pesar de las ampollas, el cansacio y los ratones, las dos repetirían la experiencia.