Contra viento y marea

Rodrigo Lamas SANTIAGO

SANTIAGO

OLALLA VAAMONDE

Los caminantes que llegan estos días sufren los caprichos del tiempo y se llevan algún susto con las tormentas

08 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

«A dos por día» No es matemático pero es la cifra aproximada de ampollas que traen Agustín y Ana . Son una pareja de salmantinos que emprendieron la ruta desde Astorga. Se decidieron a hacer el Camino por experimentar una aventura y tan gratificante les resultó que se les hizo corto. Llegaron a Santiago dos días antes de lo previsto tras una semana de caminata. Están encantados con el paisaje y una de las cosas que más le llamaron la atención fue la subida a O Cebreiro, aunque dicen que engaña y que parece que no acabas nunca. El pueblo les pareció muy bonito, así como muchos otros del Camino. Su llamada de atención se centra, una vez más, en los albergues de las últimas etapas, concretamente el de Arca do Pino. No entrará nunca en su lista de hospedajes predilectos. Para ellos el mejor albergue fue el de Ponferrada en donde recibieron un trato muy agradable y una buena atención. Nada más llegar los invitaron a té y pudieron relajar sus pies en un hidromasaje. La anécdota del día la vivieron en directo. En la mañana de ayer un rayo cayó en la iglesia de Santa Lucía en San Paio y tiró la espadaña de la campana con el consiguiente susto de los peregrinos que se cobijaban en los alrededores del templo. Una aventura Así se lo plantearon José y Vicente y se lanzaron a buscar la aventura en bicicleta. Son de Santiago y de esta forma pretendían conocer el vínculo que une esta ciudad con tantos y tantos pueblos del resto del Camino. Para el año quieren realizar la Ruta de la Plata por lo que parece que la experiencia ha sido positiva Lo más simpático que se encontraron fue un sufrido peregrino que viajaba en bicicleta y en el carrito llevaba a su esposa por los duros repechos del camino. En la mañana de ayer eran recibidos por sus amigos en el Obradoiro y en sus bicis se veía el reflejo de los esfuerzos de los últimos días: un equipaje repleto de barro. Casi fulminados Marta , Manuel y Adolfo vienen desde León y el susto más grande de la ruta se lo llevaron casi en Compostela. El ya famoso rayo de la tormenta de ayer por la mañana les pilló también en las inmediaciones de la iglesia perjudicada y el vuelo de piedras les pilló desprevenidos, sin tener que lamentar daños. Junto a ellos y los protagonistas de la primera historia había más caminantes que terminaron el Camino de forma taquicárdica. Ellos son madrileños y decidieron hacer la ruta por deporte y por estar en contacto con la naturaleza. Se trata de un matrimonio y el padre de Marta. Qué mejor forma de estrechar vínculos familiares que superando los desafíos del recorrido en compañía.