«No es un adiós, es un hasta luego»

Míriam F. Louzao SANTIAGO

SANTIAGO

PACO RODRÍGUEZ

Reportaje | Despedida de los escolares saharauis que pasaron el verano en Galicia Casi seiscientos niños partieron ayer hacia el Sáhara desde Lavacolla, después de estar durante dos meses con familias gallegas gracias al programa Vacaciones en Paz

03 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Baba, sentado en un banco del aeropuerto de Lavacolla, espera a que salga el vuelo que lo llevará de nuevo al Sáhara. Tiene 7 años y toda una vida por delante. Observa todo el ajetreo que ve a su alrededor con los ojos iluminados de quien quiere aprenderlo todo de golpe y sonríe a todo el que le mira, con una sonrisa enorme que parece querer decir gracias. Baba es uno de los casi 600 niños que regresaban ayer al Sáhara después de haber pasado dos meses en Galicia gracias al programa Vacaciones en Paz. Es la segunda vez que viene y parece que ya se le ha pegado algún tópico del gallego, ya que a la pregunta de cuantos hermanos tiene, Baba reponde con otra pregunta: «¿En mi familia del Sáhara o en la de Galicia?». Los niños llegan en autobuses y, agarrados a una cinta de Protección Civil, entran en la terminal. Casi todos llevan gafas de sol, regalo de las familias de acogida para evitar, en lo posible, el cegador sol del desierto al llegar a casa. Se despiden de sus «padres y hermanos de Galicia» nerviosos y sonrientes, sobre todo sonrientes. Ni el susto en las escaleras mecánicas, que alguno no fue capaz de subir y prefirió las de toda la vida, hace que se retire esa preciosa sonrisa de su cara. A pesar de que puede parecer que las despedidas son lo peor para estas familias, nadie parece triste: «No es un adiós, es un hasta luego», asegura Lucía, una madre compostelana que este año ha acogido a un niño saharaui y que asegura, convencida, que repetirá el año que viene. En medio del alboroto de maletas de cuadros, regalos, besos y despedidas, Chahira parece asustada. Tiene 10 años y tres hermanos esperándola en el Sáhara. Cuenta, abriendo mucho sus grandes ojos negros, que tiene ganas de llegar a casa para ver a «mi hermano el pequeñito, que tiene los pies rotos». Hace dos meses, Chahira dejo atrás el desierto y el destierro. Ayer, dejaba atrás una nueva familia.