La próxima vez, desde más lejos

Ana Fontal santiago

SANTIAGO

OLALLA VAAMONDE

Javier, de nueve años, hizo junto a sus padres el Camino en bicicleta desde Roncesvalles en quince etapas

02 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

El más joven. Javier tiene 9 años, pero eso no le ha impedido hacer el Camino en bicicleta con sus padres, Jesús y Ana , desde Roncesvalles, así que hoy se ha ganado la compostela. «Ha dejado muchas lágrimas en el Camino», explica su madre. Pero Javier también ha disfrutado de su peregrinaje: «La mejor etapa fue la de Sarria a Palas, es que me gustan mucho las bajadas», cuenta sonriente. «Es la primera vez, pero no será la útima. Nos llamaba la experiencia del Camino, vivir fuera de la rutina y los coches, -explica Ana- pero no nos podíamos arriesgar con el niño a no tener sitio en los albergues, así que la hermana de Jesús ha venido con una autocaravana de apoyo, para pasar las noches». «Hemos hecho el Camino en 15 etapas. Hicimos unos 50 kilómetros al día. Así, llegamos con ganas de ver los lugares», explica esta familia navarra. Dos en el Camino. Jose y Pablo han salido de Cangas do Morrazo y han hecho sólo tres días de Camino. Es la tercera vez que Jose peregrina a Santiago: «El primer año tuvimos que dormir en el suelo de pabellones e iglesias, pero ahora el tema del alojamiento está mucho mejor». «Los albergues de Pontevedra y Padrón están realmente bien. En Pontevedra había incluso un chico de la Cruz Roja que te daba masajes», recordaba Pablo. Los dos chicos cuentan que «aunque es muy cansado, la experiencia es muy buena y haces muchos amigos». Pero esta vez el Camino les ha sabido a poco: «Repetiré, pero la próxima vez me gustaría hacerlo por lo menos desde O Bierzo y tal vez lo haga en bicicleta», explicaba Pablo. «Si puedo, a mí algún día me gustaría hacerlo desde Francia», comentaba Jose. Huidos. Abelardo , Giois , Helena , Andrea , Alejandro , Juan , Maite y Toni son de lugares tan distintos como San Sebastián, Italia, Madrid, Suiza, Argentina y Barcelona. Pero aunque muchos venían con la idea de peregrinar solos, el Camino los ha convertido en amigos. «Lo peor son las duchas y que los albergues cierren tan pronto, porque muchas veces llegábamos a las nueve, sin ducharnos y sin cenar». Pero con humor estos chicos encontraron la forma de solventar ese problema de horarios : «Un día nos escapamos de nuestros carceleros entre la niebla porque no nos dejaban salir del albergue que cerrraba a las once y nos fuimos a un bar», relata Juan con la complicidad de sus compinches.