Compostela insufrible

ANTONIO AIGUADER

SANTIAGO

CUARENTA LÍNEAS | O |

03 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

UN CONSEJO para no hacer mala sangre. Si la lluvia fina le invita a cambiar las playas por el empedrado de Compostela, prescinda del coche. Esta ciudad no está preparada para los aluviones automovilísticos y nunca lo estará. Ni tenemos infraestructuras ni voluntad de tenerlas. Si se vienen usted y su familia desde Sanxenxo, no les voy a decir que lo hagan en transporte público, que sería lo deseable, pero sí que procuren dejar el coche en las afueras y que se busquen la vida. Porque, por mucho que pataleen, bajen santos del cielo o llamen a este u otros periódicos para expresar su indignación, nada ni nadie impedirá que se vean atascados en la rotonda de Galuresa, en la praza de Galicia o en la conexión del periférico con la autopista. Compostela fue diseñada en los tiempos del caballo, no del dos caballos. Los políticos que la convirtieron durante el siglo pasado en capital de Galicia no supieron dotarla de las infraestructuras viarias propias de una gran ciudad, como tampoco quienes gobiernan en el siglo XXI. Y parece que eso seguirá igual, por lo menos, hasta el siglo XXII. Así que mucha resignación. Su cabreo justificado no conseguirá sacar ni media viruta de la dura cabeza de un político local. Y disfrute de la estancia.