Recién casados. Hace treinta duras jornadas de caminata arrancaron de Saint Jean Pied de Port Anna y Andrea , un matrimonio italiano. El motivo que les animó a emprender el camino hacia Santiago fue el haber aprobado unas oposiciones. Ya puestos, decidieron que nada más romántico que celebrar su luna de miel a lo largo de todo el recorrido de la ruta jacobea. Aprovecharon para conocer ciudades como Burgos y Logroño y aseguran que fue una experiencia llena de buenos recuerdos. Por el camino, muchos amigos y un lugar predilecto, el Refugio de San Nicolás, allí dicen haber vivido la parte más mística y auténtica de esta aventura. A mayores reseñan los contratiempos habituales: ampollas, cansancio y la pena porque la experiencia finaliza. Motivos personales. Roberto y Antonia vienen de Barcelona y se decidieron a realizar un trecho del camino movidos por una serie de razones personales. En O Cebreiro comenzaron la caminata y al Obradoiro llegaron muy cansados ayer a media mañana. Lo que más les llamó la atención fue el hecho de encontrarse en el medio de la naturaleza viviendo de forma totalmente distinta a lo habitual, se trata de una fórmula que directamente destruye la rutina. La posibilidad de pensar y encontrarse a uno mismo es un aliciente más de los que impulsaron a esta pareja a ponerse en marcha, al igual que a muchos otros peregrinos que pululan por el camino. Si encontraron la paz que buscaban sólo lo sabrán ellos, lo que es seguro es que a la oficina del peregrino sí que llegaron, tras la pequeña búsqueda de ayer por la mañana. Esta búsqueda sin duda, mucho más terrenal que la que les condujo dirección a Santiago. Un mix peregrino. Esta es otra de esas historias de gente que comienza el camino y lo termina con otros compañeros distintintos a los del principio. Se trata de seis chicos y chicas que, en su mayoría, comenzaron en León. Por el camino se fueron haciendo amigos y hasta incorporaron a un israelí, Ben . Los demás, Jordi , Clara , Pablo , Álex y Laura , llegan a Santiago con las secuelas propias de la ruta y con un montón de buenos recuerdos en la mochila. Alguno prometió dejar de fumar tras esta aventura, quizás echó en falta un poco más de forma física después de tantos kilómetros. Al margen de los dolores en los pies de siempre, se sentían bastante satisfechos por haber llegado a Compostela y por los lazos que se han estrechado o creado a medida que avanzaban los kilómetros de esta aventura pedestre. Castellers. Un grupo de veintitrés chavales de Girona y Barcelona era de lo más vistoso que campaba por el Obradoiro en la mañana de ayer. Vienen del centro d'Esplai Druida y rindieron su particular homenaje a la tierra construyendo un mini castillo de dos miembros coronado con una bandera catalana. Después se pusieron a cantar en grupo festejando la llegada a la meta tras las duras etapas previas. Pusieron la nota de color en una plaza con menos ambiente que en los últimos días del mes de julio. Sin duda el espíritu de estos chicos pretende que no decaiga el ambiente festivo que se adueñó de la ciudad desde hace unas semanas.