Un capítulo más

| MARGA MOSTEIRO |

SANTIAGO

EN LOS últimos años, la Casa de Acogida de mujeres maltratadas de Santiago no ha dejado de ser actualidad. Primero fue la polémica generada por las quejas de su antigua concesionaria, Alecrín, acerca de las dificultades para gestionar el centro con los recursos económicos asignados por las administraciones. Después, la polémica suscitada por la concesión a Clece, empresa privada que fue denunciada por Alecrín por estar vinculada a problemas laborales en los servicios municipales concesionados en otras comunidades autonómas. Los despidos de dos trabajadoras acaparan la atención informativa desde el verano pasado. Las sentencias de despidos improcedentes en ambos casos motivó la petición de dimisión de la responsable política de unos informes que fueron alegados por la empresa para justificar los despidos. Y, mientras tanto, nada se sabe sobre el trabajo con las mujeres en la casa.