El mirador | Un verano en Santiago Ferradura Aberta abre de nuevo sus puertas en Compostela para convertirse en el espacio favorito de los niños y una buena alternativa para los padres que trabajan
14 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.A las cuatro y media, en la Alameda pega un sol de justicia que invita a buscar las sombras de los árboles, pero aún así un montón de jóvenes trabajan, corriendo de un lado a otro, para que todo esté a punto. Un año más, esta vez ya en julio, el Paseo da Ferradura se convierte en el lugar favorito de los niños y, por supuesto, también de los padres. A las cinco en punto, comienza Ferradura Aberta. En el taller de plástica están Xavi, Iago y África. «Queremos hacer un libro mágico», susurra África como quien cuenta el mayor secreto del mundo. Y los tres intentan concentrarse en su trabajo a pesar de que los pitidos que salen del siguiente taller, el de Xogos Sonoros, se lo pone muy difícil. Al lado, en el de papiroflexia, Irene y Alba aprenden a hacer pajaritas. Así, uno tras otro, los talleres se van llenando de niños con ganas de jugar, de aprender y de hacer amigos. En el otro lado del Paseo da Ferradura están los niños que prefieren los deportes. Juan Jesús y Jaime viven en Conxo y vienen acompañados de sus abuelos que charlan sentados en un banco mientras sus nietos juegan al tenis de mesa. Y un poco más allá, Yeray y Juanvi se animan a probar con la esgrima. Siguiendo el paseo, al fondo, está el tiro con arco. Los niños se amontonan para jugar a ser Guillermo Tell y cada vez que una flecha se clava en la diana hay una auténtica fiesta. Suso y Anxo son amigos y vienen con Celia, la madre del primero. «Tengo un juego de ordenador en el que el prota lleva arco y flechas y yo quiero ser como él», explica Suso emocionado. Celia, su madre está encantada con Ferradura Aberta. «Es muy necesario y debería durar más. Aquí se airean, se relacionan con otros niños y juegan». Todos los padres parecen estar de acuerdo con ella y comentan que es un muy buen modo de tener entretenidos a los niños y de que aprendan jugando.. Justo al lado del tiro con arco está el rocódromo. Jano y Ramón, monitores, ayudan a los niños a ponerse el arnés y le explican como tienen que ir colocando los pies y las manos para subir sin problemas. A algunos les cuesta mucho, sobre todo porque resbalan. Sara, después de intentarlo una y otra vez, se quita el arnés resignada. «Mañana traeré calcetines», asegura. Sin embargo, otros parecen haber nacido para esto. Vicente sube en un momento y al llegar arriba pregunta «¿Y ahora que hago?». «Pues bajar» le gritan sus amigos desde abajo. Carcajada General.Y el afirma orgulloso, «es que de mayor quiero ser escalador» Los niños se divierten y los padres, respiran aliviados por tenerlos entretenidos y poder sentarse a charlar o pasear por la Alameda. Esto es, un año más, Ferradura Aberta.