Me bajo del tren

SANTIAGO

CRÓNICAS URBANAS | O |

08 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

ESTAMOS tan pervertidos espiritualmente que de un tiempo a esta parte la mejora de nuestra calidad de vida depende de un túnel que nos permita ganar diez minutos para atravesar el nudo de Galuresa. En A Coruña, la obsesión es distinta, un nuevo muelle; en Vigo, hacer rascacielos; en Madrid, otra circunvalación; y así en cada ciudad, en cada pueblo... Cambiamos de Gobierno y lo único que nos preocupa, el auténtico debate, es el mapa de las hormigoneras. Poco importa que el kilo de tomates se haya disparado, porque lo que nos priva de verdad es tragar asfalto y gasolina a 120. Cambiamos de Gobierno, decía, y sólo nos afanamos en pedirle nuestra legítima cuota de cemento y acero, con lo caro que lo han puesto todo los chinos, y nos olvidamos de reclamar « aquellas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas » (Serrat, siempre tan oportuno). Ahora vuelve la rosa, sí, pero con espinas. Porque Zapatero dijo en campaña que invertir en investigación (y por extensión en sanidad, en educación, en industria, en empleo...) es siete veces más rentable que hacerlo en ladrillo. El problema es que las palabras de ayer las atropellará mañana un AVE rapaz sobre el que los gallegos podremos emigrar a 300 kilómetros por hora. ¿El progreso era esto?