Reportaje | Una publicación recopila las duras condiciones de vida de las extranjeras No hay que viajar muy lejos para saludar de cerca a la infamia. El CITE de Santiago denuncia en este libro la explotación de algunas mujeres. La crueldad está aquí al lado
17 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?os condenados de la tierra, como les llamó Frantz Fanon, no están a miles de kilómetros, en el tercer mundo. Los tenemos aquí al lado. Quizás no se vean. O no queramos verlos. Pero han huído de la pobreza en sus países de origen y se han vuelto a encontrar con ella una y otra vez, como si fuera una sombra que les persigue allá donde vayan. El Centro de Información a Traballadores Estranxeiros de Santiago (CITE) ha publicado Buscar a vida: unha ecografía das mulleres inmigrantes , un libro que compila historias terribles, pero reales. Y que nos recuerda que en las sociedades modernas y desarrolladas hay mucha miseria. No económica, claro, pero sí humana. Marga Blanco Lamarca, abogada del CITE, ha dado voz en esta publicación a seis inmigrantes. La lectura de sus testimonios es como volcar un cubo de agua de fría en la cabeza de alguién que se ha quedado dormido. Un despertar amargo. Como el de Alicia, colombiana de 31 años, que llegó aquí con su hija de cinco años en el 2001. Escapó de Sudamérica para proteger su vida y la de su pequeña y cambió una buena situación económica por un empleo de asistenta de hogar. En un momento de sus andanzas por Galicia tuvo que buscar un piso con calefacción, dados los problemas respiratorios de su hija. Y cuando encontró uno, a buen precio, el casero le contestó: «Yo no trato con colombianos». Vejaciones Marga Blanco Lamarca, la abogada del CITE, también cuenta la historia de Gloria, mulata colombiana de unos 30 años. Su experiencia está tristemente salpicada de vejaciones y humillaciones. Gloria narra cómo una vez, estando en casa de una señora, ésta le obligó a levantarse a las tres de la madrugada a limpiar la caca de su perro. Y cuando ella se negó, ésta la echó de su casa. «Tuve que dormir esa noche debajo de un puente». Gloria acabó trabajando en un club de alterne porque alguién de aquí, vecino nuestro, le dijo que era la forma más idónea de reunir dinero. Unos cuartos que ella necesitaba para que pudieran operar a su madre en Colombia. Al leer su testimonio, cuando trabajaba de prostituta, hay un momento en el que parece que todo se detiene y la crueldad alcanza su grado máximo. Y Gloria dice: «Jamás me había tocado pasar lo que yo sufrí en ese club; había veces que salía con ganas de ir al baño porque ya no aguantaba más, la barriga ya no me daba más para aguantar la cochiniza tan grande que llevaban los hombres en el cuerpo; a veces, tenía a la persona encima y las lágrimas se me salían porque era algo que... me... Y a base de eso yo empecé a beber mucho». El libro del CITE cuenta, además, cómo en la mayoría de los casos muchas de estas mujeres sufren la incomprensión de un marco normativo sobre extranjería que no garantiza siempre el respeto a los derechos fundamentales. Marga Blanco Lamarca e Isabel Quintáns, responsable del CITE y miembro de Comisións Obreiras, sostienen que estos casos «lejos de ser bigrafías excepcionais supoñen experiencias desgraciadamente ordinarias e comúns». Las mafias Y para ilustrar este caso, apelan al testimonio de Helen, una mujer nigeriana que vino engañada por una mafia, que sufrió racismo y que tuvo que trabajar en la calle para poder pagar el falso viaje al paraíso. «Tú lo primero que tienes que hacer es saldar tus cuentas», le decían a Helen. Esta mujer trabajó de prostituta durante un año y mediopara pagar 40.000 dólares a una mafia. Helen cruzó media África engañada, poniendo en peligro su vida en numerosas ocasiones. Es la realidad que narra un libro que recuerda que las estadísticas y los porcentajes, tan fríos, tienen nombres y apellidos. Y que vivimos en un mundo en el que muchos navegan por internet. Pero otros, mientras, tienen que hacerlo en patera.