Europa vista desde una silla

Elisa Álvarez González
Elisa Álvarez SANTIAGO

SANTIAGO

PACO RODRÍGUEZ

Reportaje | La integración en las aulas universitarias Al menos treinta alumnos con discapacidades estudian en la Universidad de Santiago, entre ellos un joven Erasmus que compagina las carreras de Filología e Historia

03 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?l caso de Franceso Rebuli es llamativo porque ha cruzado miles de kilómetros para estudiar en la Universidad de Santiago. Su historia es la de quien no cede ante los contratiempos. Aunque estos sean mayúsculos. Hace siete años sufrió un accidente en el mar. Se lanzó de cabeza y una mala caída le llevó a una silla de ruedas. «Me dijeron que quizás una ola me empujó la cabeza», recuerda sin darle excesiva importancia. Sin embargo Francesco no ha parado de dar pasos personales y profesionales. Estudia quinto curso de Lenguas Extranjeras en la Universidad de Padua, y ha decidido realizar un Erasmus en Santiago. Actualmente está matriculado en asignaturas de Filología e Historia, y vive en la residencia universitaria del Burgo das Nacións. En su caso, el hecho de decantarse por Compostela no se debe tan solo a que le gustase esta ciudad o el plan de estudios de sus carreras «tenía que decidirme entre una lista de universidades que ofrecían más servicios para gente discapacitada», señala. Y fue así como llegó a la capital del Apóstol, en donde ya había estado su hermana en una jornada mundial para la juventud. En la USC, el número de alumnos con algún tipo de discapacidad es prácticamente imposible de determinar. En otras universidades como Murcia -con menos alumnado-, hay 250 inscritos, porque este colectivo de estudiantes tiene ventajas económicas. Sin embargo, en Compostela la oficina del voluntariado tiene constancia tan solo de 30, aunque suponen que habrá mucho más alumnado con algún tipo de minusvalía que no acude a esta entidad. Los que sí lo han hecho -fundamentalmente para solicitar una plaza en el sistema de residencias por si necesitan algunos cambios-, se reparten en todas las áreas de conocimientos de la institución. El mayor porcentaje de estudiantes está matriculado en Medicina, en concreto seis, pero hay estudiantes en Económicas, Bioloxía, Filoloxía, Psicoloxía, Políticas, Xornalismo, Ciencias da Educación, Dereito, Física, Relacións Laborais o Filosofía. Deficiencias visuales parciales o totales, limitaciones de movilidad o incluso alguna afección alérgica son algunos de los problemas que presentan estos jóvenes, que pueden acceder al cupo de plazas reservadas para personas con discapacidades con al menos un 33% de minusvalía. Voluntarios A Francesco no le va nada mal en Santiago, y confiesa que los profesores universitarios son más cercanos que en su universidad natal, en Padua. Sabe que es un Erasmus, y lo aprovecha. «Los Erasmus siempre hacemos más fiestas, conoces a mucha gente, estás toda la semana aquí, y es normal que salgamos. En Italia también salgo, pero no como aquí». Y es que este italiano de 26 años no se queja, sino que reconoce que ha tenido suerte. Con él se encuentra otro compañero de Italia que ha venido únicamente para ayudarle por las noches, mientras que por el día recurre a la ayuda de los voluntarios de la USC, que le desplazan de la residencia a las facultades -ya que Filoloxía está en el campus norte e Historia en el casco histórico-. Las barreras arquitectónicas siguen ahí, pero Francesco es bastante conformista, y asegura que «no puedo pretender tenerlo todo. Es imposible hacer todo lo que yo quiero, porque para eso Santiago tendría que ser prácticamente plano», bromea. Francesco Rebuli finalizará este curso en Santiago, y en el próximo mes de septiembre intentará terminar la carrera en Italia, para realizar la tesis. El futuro no le preocupa. Su ilusión es acabar trabajando en una organización no gubernamental «para poder hacer algo por otras personas». Barreras Las barreras arquitectónicas en la USC dependen sobre todo de los edificios del casco viejo, algunos de ellos patrimonio histórico, por lo que es casi imposible modificarlos -como sucede en la entrada a la Facultad de Historia, por ejemplo-. Uno de los responsables de la oficina del voluntariado en este campus, Ernesto Gómez, señalaba que la mayoría de los edificios son accesibles pero no están adaptados, «e todo é mellorable» apunta. A Francesco le quedan aún tres meses para descubrir los encantos de Santiago que no conoce y volver en un par de años, quizás ya ayudando a otros en su ONG.