¿El Gobierno amigo?

SANTIAGO

EL TINTERO | O |

25 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LOS PARTIDOS de ámbito estatal siempre han invocado la teoría del gobierno amigo como gancho electoral y han intentado hacer creer a sus votantes que un ejecutivo central del mismo color es, de antemano, garantía de trato preferente para resolver los problemas de los administrados. Un vistazo rápido a la reciente historia de Galicia es suficiente para concluir que esta tesis, lejos de contrastarse en la realidad, se desmiente año a año. Si esta teoría fuera cierta, podríamos colegir que las deudas históricas de Fomento con Compostela se resolverán pronto con Zapatero en La Moncloa y con el PP en la oposición. Y nada indica, de momento, que esto pueda ocurrir. La afinidad es, en muchos casos, un grado de confianza que permite a políticos de idéntico signo darse más largas con la garantía de que otro dirigente del mismo partido nunca va a montar la marimorena y romper la imagen de coordinación y buen hacer de un superior. Nuestra historia parlamentaria reciente demuestra que en las prioridades de la configuración de la agenda política influyen más los enemigos que los amigos. Y esto, en Cataluña, lo tienen muy claro desde hace tiempo.