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14 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.EN LAS ÚLTIMAS semanas todo el mundo habla de la basura. No se trata de la programación televisiva sino de esa amalgama de despojos, comida y restos de nuestra vida que arrojamos cada día a los contenedores. Como siempre, sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. El refranero se puede aplicar sobre todo a la clase política, que además ha conseguido que en Santiago los vecinos tengan cada día más claro los conceptos de incineración y compostaje. PSOE y BNG han demostrado que la basura puede dar mucho de sí, aunque se trate de debates estériles. Lo cierto es que si algo estaba más que claro era que el destino de los residuos de los compostelanos estaba en Cerceda. La incógnita que aún queda por despejar es la explicación de por qué el ser humano tiene una capacidad pasmosa para multiplicar sus desechos como si fuesen amapolas en un campo de trigo. En este interrogante está el problema y también la solución. La subida generalizada de las tasas de la basura nos recuerda que contaminar tiene un precio y que hay que pagar por ello. Nos lo harán saber meses después de otras elecciones, como siempre.