Depresión jacobea

SANTIAGO

CRÓNICAS URBANAS | O |

12 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EL JOYERO Fernando Mayer ultima los detalles del martillo de plata que abatirá por primera vez en el tercer milenio el muro que sella la Puerta Santa, y desde la oficialidad ya se nos abruma con cifras verdaderamente espectaculares e incluso algo difíciles de creer. Al margen de los famosos doce millones de visitantes, que yo entiendo que son más un deseo que una posibilidad real, debemos pensar que buena parte del año (los períodos de enero a mayo y de octubre a diciembre) nuestro xacobeo tendrá regusto a menú del día, porque aquí estaremos los ciento y pico mil de siempre. Será lógico en ese caso que las actividades culturales, que se anuncian por miles, se concentren en la primavera y el verano, coincidiendo ya no sólo con las fiestas del Apóstol, sino con las de toda una Galicia que se lanza desenfrenada a las citas gastronómicas y en la que hasta los municipios más raquíticos tienen capacidad para dulcificar a toda una plaza del pueblo con la almibarada Oreja de Van Gogh. Se anuncia tal frenesí de actos -su calidad habrá que juzgarla dentro de un año- que no sería extraño que tras el 2004 vivamos una depresión posjacobea por no coincidir una mañana cualquiera con Pavarotti en la terraza del Camilo o con U2 a las puertas del Hostal.