Un invidente denuncia las trabas para circular libremente con su perro guía

Nacho Mirás SANTIAGO

SANTIAGO

SANDRA ALONSO

Toni López ha tenido problemas para entrar con «Xumer» en un bus y en varios comercios Trapsa dice que tomará medidas para que no se den casos de discriminación

29 oct 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Xumer es un nombre de perro. Todos los hermanos de camada de Xumer tienen nombres que empiezan por equis. Porque es así como bautiza la Fundación Once a todos sus perros guías. Xumer es un labrador blanco. En días como hoy lo pueden ver paseando por Compostela, vestido con un chubasquero rojo. «Parece un Ferrari», dice su compañero. Xumer es para Toni algo más que un animal de compañía. Es sus ojos. Antonio López García y su perro estudian periodismo. Sí, los dos. Porque Xumer asiste todos los días a las clases en la Facultade de Xornalismo y, aunque nunca se sacará el título, es uno más en el centro universitario, tan conocido como el decano. Toni López tiene 21 años y es de Vilalba, aunque reside en el Burgo. Ni en su residencia ni en su facultad ha tenido nunca problema alguno por llevar a su lado un perro guía. A Toni le gusta la radio y confía en trabajar en las ondas cuando finalice la carrera. Claro que antes tendrá que superar otra carrera, la de obstáculos que ponen en su camino las personas que se empeñan en pararle los pies a su perro. Le ha pasado recientemente en un bus urbano, en algún supermercado y en el Hospital Clínico. «A xente non acaba de enterarse de que o can máis eu temos obrigas, pero tamén dereitos. Podemos entrar en tódolos lugares públicos. Se eu podo entrar nun sitio, el tamén pode, porque é os meus ollos», dice el estudiante. Toni no está enfadado, porque si algo le sobra es sentido del humor. Pero sí dolido. Explica que, entre sus obligaciones, las de los dos, está llevar un rótulo en el arnés por el que coge a Xumer en el que los videntes pueden leer: «Perro guía». «Pois aínda así nada, hai xente que sempre che espeta a frase típica de que o can non pode estar aquí. Entón é cando eu teño que explicar todo o rollo, que o can vai conmigo, que teño dereitos, todo eso. Pero o que non quero é que a xente me deixe entrar nos sitios porque lle dou pena, senón porque teño todo o dereito do mundo», cuenta Toni. Otra cosa que le repatea son las formas: «Dinche cousas como que asco de can, e eso é moito. Cando me pasou no autobús urbano, o conductor dixo que o can non entraba e despois de contarlle a película acabou dicindo que si. Pero non subín porque non quero entrar en ningún sitio por pena». Con su denuncia, el objetivo de Toni es que ningún invidente más tenga que pasar estos malos tragos que no son más que fruto de una educación muy deficiente. El estudiante de Vilalba tiene claro que hay más posibilidades de que los que le ponen trabas, siendo videntes, lleguen a tener que usar un perro guía, que de que sus propios ojos vuelvan a ver la luz, y por eso llama a la reflexión. ¿A que a nadie se le ocurriría ordenar a un vidente que se vendase los ojos para entrar en un supermercado? Pues a Toni le ha pasado, en algún súper concreto y en la zona pública del Hospital Clínico, donde se ofendió cuando el guardia de seguridad le dijo que su perro «era un animal». Lo que le pasó por la cabeza a Toni en ese momento se puede suponer. Un portavoz de Trapsa lamentó profundamente el incidente que le ocurrió recientemente a los dos en un autobús y explicó que se realizarán averiguaciones para tomar medidas contra el conductor. También insistió en que todo el personal tiene una orden expresa, aunque no escrita, de atender de la mejor manera posible a todas las personas con algún tipo de discapacidad. Toni López realiza una última petición, ya no a quienes tienen serrín en la cabeza, sino a hombres y mujeres de buena voluntad, que son muchos más. Puede parecer una tontería, pero insiste en que los peatones no distraigan al perro cuando se lo crucen por la calle, que no lo saluden ni le hagan caricias. Y no porque a Xumer no le gusten las carantoñas, sino porque una distracción del can es un porrazo seguro de su mejor amigo.