CRÍTICA DE MÚSICA | O |
30 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.A PESAR de haber visitado algunas ciudades españolas en varias ocasiones, Joan Rodgers no resulta un nombre muy conocido en nuestro país. La soprano británica acumula en su curriculum actuaciones en la práctica totalidad de salas y eventos más relevantes de las Islas Británicas (Royal Opera House, Covent Garden, Proms...) y en buena parte del continente, con todo lo que esto conlleva. Su primer recital en Galicia, dentro del cuarto Ciclo de Lied de Santiago de Compostela, constituyó un rotundo éxito. Rodgers afrontó, acompañada al piano por Roger Vignoles, un programa muy denso basado en canciones de los repertorios ruso y francés, complicados tanto en lo musical como en su acogida por parte del público. Sin embargo, la acción no deceleró en ningún momento, y tanto la musicalidad como la voz de Rodgers conquistaron a los asistentes al concierto celebrado en el Teatro Principal, con un registro soprano de un bellísimo timbre en el grave, con cuerpo y amplitud en el agudo. Rodgers ofreció los mejores momentos de su actuación con Rachmaninov Ne poj, krasavica; Glinka, Adel ; y Debussy, Fetes galantes . Una voz sin duda sorprendente en una interpretación impecable, que se tradujo en un aplauso que obligó a Rodgers a cantar dos bises: Tchaikovsky, y la divertida canción del recientemente fallecido Rosenthal, Fido, Fido .