Tabernas para toda la vida

Teresa Ferreirós SANTIAGO

SANTIAGO

SANDRA ALONSO

En directo | Animadas tascas compostelanas de ambiente familiar conservan su atractivo Locales tan tradicionales como El Gato Negro, O Pataca y El Buraquiño siguen conservando la capacidad para atraer clientela tras décadas de existencia

09 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?ndrés, de 76 años de edad, tiene su propia definición de una tasca: «Son antros a los que va la gente que tiene sed a beber vino y a hablar de lo que no está bien visto, críticas deportivas, política o mujeres. Imaginan mucho, que es lo más maravilloso que se puede hacer». Una de estas tabernas es El Gato Negro, de las más emblemáticas de Compostela. En ella dos hombres beben cerveza y cuncas de vino. Hablan de la mejor forma de emborracharse, de mujeres, de política y también de la crueldad de las guerras. Esta taberna es una de las pocas de la ciudad que siguió la tradición familiar, es decir, que pasó de padres a hijos desde que Elena García García, oriunda de Arzúa, la puso en marcha. Antes era de las múltiples caballerizas que había en Santiago y Elena, cocinera oficial de los vizcondes San Albertos, de Noia, la convirtió en tasca de vinos. Hasta hoy. A cualquiera que se le pregunte dirá que era una persona excelente, «una mujer con personalidad para el negocio», dice su yerno, que lleva ahora las riendas del establecimiento. Es la cuarta generación que está al mando de El Gato Negro, un lugar entrañable. En sus estantes, entre las botellas de bebidas hay vino El Gato Negro . Junto a ella, un cuadro que dice: «La tournée du Chat Noir», o sea, el regreso del gato negro. Son regalos que clientes habituales traen de vuelta de sus viajes. Hay botellas de Chile y Madrid y el cuadro es de París, de un pintor que vivía como un bohemio en uno de los bajos de la ciudad. O Pataca es otro de los locales de vinos tradicionales de la ciudad. Lleva 54 años a cargo de la misma familia. En sus paredes, entre escudos del Compostela, fotografías en blanco y negro ilustran sus inicios. Suena un bolero no identificado y cada segundo alguien se acerca a pedir un ribeiro, siempre ribeiro. Y mejillones, nécoras o zamburiñas para acompañar. Entre los tradicionales está también El Buraquiño , en el escondido callejón do Peso, que cuenta con 45 años de vida. Su dueño, José Sánchez, es el único tabernero de Santiago que todavía conduce su camión hasta Ourense para recoger el vino de su propia cosecha. El local sigue tal y como lo encontró esta familia en 1958. Todas estas tabernas son lugares de antaño, sus nombres suenan en la memoria de muchos compostelanos y estudiantes que se iniciaron en las cuncas y que los siguen visitando cuando vuelven a la ciudad. Es la mejor forma de recordar lo viejos tiempos. Entre estos nostálgicos hay quien afirma que Compostela no sería la misma sin sus tascas de vinos. Además de los históricos El Gato Negro, O Pataca y El Buraquiño, nombres como El Orense, El Tranquilo , El Xa Chegou son recordados por todos por sus vinos y por los momentos allí vividos.