CON LUPA | O |
22 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.ES TERRIBLE. Está uno de vacaciones, desconectando del trabajo, de la presión, del estrés, luciendo el tipo en bañador en una playa de Benidorm y, de repente, estalla una bomba que se lleva por delante todo lo que encuentra. Y aquellas vacaciones que pretendían ser idílicas salen en la crónica negra del Telediario mientras unos veinteañeros con la cabeza llena de serrín lo celebran. Después de ver ayer en la tele las imágenes de turistas ensangrentados y desorientados, me viene a la cabeza que algo parecido pudo ocurrir en Santiago hace unos cuantos veranos. Se acordarán. Fue aquella época en la que aparecieron por la Alameda compostelana supuestas fiambreras explosivas cuya colocación, también supuestamente, se atribuyó a la campaña de verano de ETA. Irónico nombre, ese de campaña de verano. Suena a rebajas o a lotería, aunque en realidad es una promoción funeraria terrible y sin sentido. Para evitar nuevos sucesos como los de ayer me parece que nos sirve de poco -y que me perdone el arzobispo- encomendarnos al Apóstol. Yo me encomiendo al Ministerio del Interior y suplico, si es que hace falta suplicar, que no baje la guardia. Nos va la vida en ello.