CON LUPA | O |
02 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.NO SÉ USTED. Pero yo no necesito que la seguridad y la prevención de los delitos de mi ciudad estén en manos de cuerpos de élite. No me tranquiliza más un funcionario con botas y gorra que un policía de barrio, aunque sea barrigón. Es más, la barriga me da la tranquilidad que me roban los músculos de gimnasio. Prefiero la imagen cercana del policía Matute corriendo detrás de Don Gato a la de unos agentes cachas y fornidos que viajan en furgoneta y manejan armas de gran calibre. La organización interna de la policía es cosa de la policía, es verdad. Pero, como ciudadano, soy más partidario del bobby de Londres, agentes que patrullen sin pistola y que, en vez de «circulen», nos den los buenos días. No creo que las cosas estén tan mal en Santiago como para que haya que vigilar las calles con profesionales de élite. Son expertos en manifestaciones, en visitas de mandatarios, en tumultos, nadie lo duda. Pero me parece que cojean en el contacto con el ciudadano, en el día a día, en saber de sus preocupaciones y en conocer por su nombre a los comerciantes de una calle. Si el presupuesto no da para formar policías de barrio (o esa no es la línea que se sigue ahora), lo puedo entender, pero ni lo comparto ni lo compartiré nunca.