Tormenta sin agua

Juan María Capeáns Garrido
Juan Capeáns SANTIAGO

SANTIAGO

SANDRA ALONSO

En directo | La reacción de los vecinos Los afectados tenían un cabreo de altura agravado por la falta de información

20 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?as empresas de servicios, a diferencia de los equipos de fútbol o los partidos políticos, tienen la extraña virtud de crear un sentimiento colectivo unánime. Ayer, en Milladoiro, había un cabreo generalizado de altura. Algo tan sencillo como abrir un grifo y no tener agua provoca primero extrañeza; después curiosidad; y por último, indignación. Lo sabe bien Marisol. Tiene una peluquería y los viernes no son un día cualquiera. La agenda de clientes rebosa y por las tardes toca hacer tintes. Durante la mañana capearon la situación, pero por la tarde podría ser caótico. A las cinco, un hilillo de agua le permitía lavar el pelo a una joven. Tienen suerte porque en los bajos comerciales llega con más fuerza. Que se lo pregunten a la vecina del quinto. El gozo en el pozo Más afortunados fueron los que tiran del pozo para beber. Es el caso de algunas cafeterías o del propio gimnasio Squash, que continuaron su actividad sin problemas. Aún así, demasiados se quedaron sin el café de media mañana, y algunos menos sin el de la tarde. En los bares se confirmaba la faena. El recibo está pagado, así que todo el malestar se dirige hacia la empresa concesionaria. Tiene una pequeña oficina en el barrio, pero ayer estaba apagada o fuera de cobertura. «Allí poco informan, y además las hojas de reclamación no las envían a Consumo», comentaba un vecino dispuesto a empurar a quien hiciera falta. Donde había hojas bien lustrosas era en una conocida tienda de plantas de la zona. La propietaria regó sus ejemplares minutos antes del corte, y su única preocupación era que había dejado la lavadora funcionando. A esas horas podría estar fundida, como el asfalto de la calle principal. El espíritu reivindicativo no podía tardar en salir. En un segundo piso colgaba un cartel con un mensaje más propio de un país subdesarrollado: «Queremos agua». Una planta más arriba aún resiste una bandera de Nunca Máis. Es lo bueno de este eslógan. Que vale para todo.