Santiago es un cuento

Juan María Capeáns Garrido
Juan Capeáns SANTIAGO

SANTIAGO

SANDRA ALONSO

Reportaje | El mito de la rúa da Balconada y el castillo de A Rocha La asociación cultural O Galo aborda en una publicación las leyendas de Compostela

19 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

? Preto da rúa do Vilar, na rúa da Balconada, mataron ó arcebispo por celos de una madama ». La copla popular llegó de boca en boca hasta nuestros días, y el historiador Antón Presedo la recoge en una modesta publicación impulsada por la asociación cultural O Galo que se presentó ayer en la librería Pedreira. Se trata de un curioso producto editorial en el que las leyendas y los relatos colectivos flotan sobre los cimientos de la historia compostelana. Presedo explica en unas pocas páginas el mito del popular suceso de la rúa da Balconada y su relación con el castillo de A Rocha Forte, cuya existencia está más que documentada y del que pronto habrá noticias gracias a las prospecciones arqueológicas que está realizando el arqueólogo Acuña Castroviejo. El historiador recurrió a viejas grabaciones que guardaba desde su época de bachiller y que recogió de boca de los viejos vecinos de A Rocha, muchos de ellos ya fallecidos. Los Churruchaos La leyenda que llegó a nuestros días la conocía bien una maestra rural que vivió a principios del siglo XX en el barrio llamada Xoana da Marcalesa y que ella situaba en los tiempos de los Churruchaos, los habitantes del castillo. También habla de un capitán que tenía una hermosa hija que tuvo que ir a luchar a África. Aprovechando su ausencia, un arzobispo compostelano del que no trasciende el nombre la secuestró y la encerró en la fortaleza de A Rocha, donde la Inquisición y un buen número de facinerosos campaban a sus anchas y abusaban de las buenas gentes. El capitán, enterado de la afrenta, regresa a Santiago con sus tropas coincidiendo con el Corpus, cuando el arzobispo sacaba en procesión la imagen del Santísimo. Se encontraron en la supuesta rúa da Balconada (entre la rúa Nova y la del Vilar) y allí mismo lo mató con su espada, de ahí que se decretase el cierre de este callejón, si es que algún día existió como tal. Después, el capitán se dirigió al castillo para recuperar a su hija, cercando a los llamados Churruchaos y encerrándolos para siempre bajo los escombros de la fortaleza en la que no quedó una piedra sobre otra. Esto último es lo único que se puede documentar con cierta fidelidad (hoy en día apenas se han localizado los cimientos), aunque según Presedo hay documentos del XVI que vinculan inequívocamente al arzobispado con el castillo de A Rocha. El resto, cuento o fábula, voló de boca en boca hasta nuestros días.