Cada mochuelo a su olivo

Nacho Mirás SANTIAGO

SANTIAGO

En directo | El alcalde y los concejales echaron a andar con un acto de lo más concurrido Los problemas de tamaño de Candela y la ligera confusión del secretario, únicas anécdotas de la sesión

14 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?e abre la sesión. El maestro de ceremonias es el secretario municipal, que convoca a la mesa de edad. Dositeo Rodríguez es el mayor; Marta Álvarez-Santullano, la más joven. Dositeo ocupa el sitio del alcalde, pero no la silla ya que, por cosas de protocolo, los ujieres cambian el asiento y lo vuelven a poner una vez que Bugallo toma posesión como regidor. El protocolo tiene estas cosas. El secretario va llamando a los concejales, que juran o prometen y reciben la medalla de ediles de manos del «hermano mayor» Dositeo. Todo va como la seda. Pero al llegar a Francisco Candela, hay un problema: el cordón del que cuelga la medalla no le cabe por la cabeza. Es un problema de cordón, no de cabeza. Dositeo insiste y aprieta, con la máxima gallega de que ou vai, ou racha. Candela aguanta el tipo. Finalmente, Rodríguez afloja el nudo y Pancho es condecorado. Con todos jurados o prometidos, se vota. Los ujieres reparten papeles y los ediles escriben el nombre de la persona a la que apoyan como alcalde. Bueno, los del Bloque no escriben. Meten sus votos en una urna. Llega el recuento. La cosa está cantada. Si no hay sorpresas, el resultado debería ser 11, 10, 4. Y así es: once Bugallo, diez Dositeo y cuatro votos en blanco. El secretario se confunde, aunque enseguida rectifica, al decir que hay cinco votos en blanco. Pero a algunos ya les ha dado tiempo a enfocar a Leiceaga. Cómo es la gente... Con el efecto «Tamayo» todavía fresco, los periodistas van anotando los votos con palitos en sus libretas, no vaya a ser. Pero las liebres no saltan; Bugallo es alcalde.