Que con el alma no pueden

Nacho Mirás SANTIAGO

SANTIAGO

SANDRA ALONSO

En directo | El último pleno del mandato rindió un homenaje a los ediles que se van Los concejales que abandonan el Ayuntamiento entonaron a pecho partido el «Adiós con el corazón»

11 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?o es fácil esconder las emociones. A los concejales que ayer se despidieron de la corporación municipal se les escapaba ese brillo en los ojos que antecede a las lágrimas, también es cierto que a algunos más que a otros. Pero llama la atención los esfuerzos que realizan por no deshacerse tres personas: Encarna Otero, Carlos Nieves y Mar Bernal, a la que las palabras se le quedan en el fondo de la garganta, junto a la rotonda del corazón. Se va, con el tren, Carlos Abellán, orgulloso de haber servido a la ciudad y de haber salido «coas mans limpas, co respeto mutuo dos compañeiros dos grupos políticos, satisfeito e contento». Dedicará más tiempo al fútbol sala de veteranos Enrique Fernández, Quico, que no escatima en elogios para sus compañeros y destaca «a experiencia conseguida en tódolos ámbitos», a la vez que invita a todos los compostelanos «a que pasen pola corporación para ver como se fan as cousas». Se va Marta Álvarez, después de dieciséis años, que en momentos así prefiere recordar las cosas buenas y olvidar las malas. «Satisfecha», resume. Y se va José Castro Gigirey, Piño, con toda la experiencia de doce años en la corporación en los que intentó «participar dialogando e chegando a entendemento». Evaristo Ben parte con una pena penita pena: «La nueva derrota del PP en las municipales, que es una espina que todos tenemos clavada». Y Aurora Lamas se marcha habiendo aumentado «el contacto con los ciudadanos, que es lo que me gustaba y lo que pretendía hacer, dejando ahí una semillita para que crezca y pueda dar fruto». A Carlos Nieves le late el corazón tan alto que cuesta escucharle cuando dice del pleno: «Es como un flash, como si tuvieses un accidente de tráfico en el que, en cinco segundos, recorres toda una vida». Encarna Otero transmite, con los ojos apretados, «a enorme felicidade de recuperar o tempo e deixar as horas». Y Mar Bernal traga saliva para resumir «tanto trabajo, tanto esfuerzo, tantos logros, tantas desilusiones...». Y añade: «Sigo aquí, seguiré aquí siempre». No estaban Pasín y Perfecto Yebra. Pero, los demás, se juntaron en el pasillo, posaron para los fotógrafos y arrancaron del pecho, alto y afinado, un emocionado: «Adiós, con el corazón, que con el alma no puedo».