A CADEIRA
22 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.DE PEQUEÑOS se les perdona, se ríen sus gracias o se asegura que acabarán cambiando con la edad. Cuando llegan a la adolescencia se alude a la rebeldía y al inconformismo. De adultos la sociedad los aparta para poder olvidarse de ellos sin tener que mirarlos a los ojos. Ayer, Santiago estrenó un centro único en Galicia (quince plazas, que le vamos a pedir), para abordar los trastornos de conducta de los menores, un problema que llega a destrozar el futuro de muchos jóvenes de los que al final sólo se acuerdan sus familias. Un problema que aunque no tiene solución, sí puede garantizar una buena calidad de vida a los que los sufren con el tratamiento adecuado. Es decir, como en casi todo, con recursos de por medio las penas son medias penas. Que por medios no se trunque el futuro de ningún niño. Pero son más de quince los que los necesitan.