SIN INTENCIÓN | O |
08 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LAS CIFRAS que mueve la sanidad en Santiago en los últimos años resultan mareantes. Centros públicos y privados han invertido, e invierten, cantidades elevadas en tecnología, nuevos espacios para diagnóstico y tratamiento, y personal, para ofrecer respuesta a una demanda que no parece tener límites. El perfil de los enfermos ingresados también ha cambiado. Las camas de los hospitales y sanatorios están cada vez más ocupadas por personas de edad avanzada, un hecho que hay que atribuir a los avances de la propia Medicina y a la mayor esperanza de vida. Por ello, en este momento importante de la sanidad compostelana, cuando el Clínico acaba de completarse, hay proyectos para Conxo y Gil Casares, y centros como La Rosaleda o La Esperanza realizan obras de envergadura, cobra mayor relevancia la renovada reivindicación de la Plataforma Sociosanitaria, con su propuesta de que se habiliten espacios para asistir a crónicos y a personas con discapacidad y terminales. El área sanitaria, en las cuestiones que reclaman, sigue en una preocupante situación de cola, de la que podría salir con menor inversión, aunque de enorme rentabilidad económica pero, sobre todo, social.