Una sencilla pregunta

MARÍA GONZÁLEZ

SANTIAGO

A CADEIRA | O |

06 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LA TARTA del padre Pío -de la felicidad-; un repentino rayo de sol; un vestido que cae como un guante; el abrazo de la abuela; Arrabal anunciando la llegada del mileniarismo; una voz dulce al otro lado de la línea; unas gracias; el café de la vecina; un clásico en La 2; las orejas de Mae; pensar en el futuro; recordar el pasado; Homer Simpson en una escena tierna; los acordes de Coldplay; una noche borrosa; las terrazas de verano; un mensaje esperado... Sabina encontraba miles, pero hay millones de razones para acumular granos en el granero de la felicidad. Las de peso engrosan los libros pero las triviales conforman la realidad. En Santiago quedan algunas. Queda una visión en conjunto del casco histórico. Las tartas del Airas. El atardecer de Salgueiriños. La ausencia de pijería. Los camareros amables. Las rebajas en Área Central. Los mítines en el auditorio. Dormir por las mañanas. No dormir por las noches. Salir a las nueve. No entrar hasta las doce. Las meriendas de media tarde. Los pequeños acontecimientos del día a día que te obligan a contestar afirmativamente cuando un utópico con toques de pedantería te pregunta aquello de si eres feliz.