Euloxio Ruibal, profesional que lleva muchos años lidiando en el mundo del arte, ha seleccionado en esta ocasión para su galería la obra de José Alfer. Para éste es su primera exposición, para el curtido galerista es una más que sumar a la trayectoria de una historia que tuvo sus comienzos en los años setenta con la sala Torques, cuando él y María Antonia Pérez convulsionaron el ambiente artístico de la ciudad con importantes muestras. Torques, en el primer piso del mismo edificio de la Algalia de Abaixo donde ahora se encuentra Citania, se convirtió durante la siguiente década en avanzadilla de artistas gallegos y de otros que, como Saura, Zobel, Le Parc o Torner, expusieron aquí, por entonces, sus últimas producciones. Hoy, este rincón de la zona vieja dirige su programación hacia creadores que emprenden su trayectoria, y tienen algo que contar, y hacia autores consagrados, vinculados a Compostela. La obra de José Alfer tiene un toque de distinción que la hace diferente. Este licenciado en Historia ha encontrado en la complicidad de la pintura y el ordenador un método de expresión.En los bocetos es donde esta relación, que se inicia con el diseño en pantalla y termina sobre el papel teñido de pigmentos, se enuncia de manera clara motivando el detalle íntimo del dibujo. En los cuadros, también sobre papel, son los acrílicos, guiados por la mano del artista, los que impregnan el fondo y dan vida a las imágenes. En unos y otros, las figuras se visten de color puro, cercadas por el trazo negro que deja el pincel, mientras se contornean sobre un fondo limpio, cuidadamente tapizado por un tono monocolor. La esencia de esta pintura coincide con la exaltación del color y la simplificación de la forma, aspectos que tienen sus referencias en el Gauguin admirador de la estampa japonesa y en el Matisse de los años treinta de cromatismo vivo y figuras angulosas. Elementos plásticos, elegantemente apropiados, que ahora se muestran en esta nueva apuesta de la galería Citania.