¡Que viene el diluvio!

LOIS PEREIRA

SANTIAGO

HABERLAS HAYLAS

21 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

CON LA QUE está cayendo y nosotros con estos pelos, sin gomina y como recién despertados. No es sólo el Prestige que, desde luego, semeja no estar prestigiándonos mucho con tanta porquería que nos está volcando encima. Son también las inundaciones periódicas que sufren invariablemente determinadas zonas de la ciudad a poco que estornude el dios de la lluvia o el paro que nos invade más que a los demás. Se trata, claro, de asuntos de fuerza mayor, como se dice en el lenguaje jurídico leguleyo y, por lo tanto, presuntamente inevitables y que hay que sobrellevar con resignación cristiana. Como si estuviéramos abonados a las catástrofes y no pisáramos tierra firme de la era arcaica, agnostozoica. No, esta evidencia empírica es virtual: estamos predestinados al sufrimiento, que ahora nos llega del cielo y de la mar océana. Lo mosqueante del asunto es que siempre son las mismas víctimas propiciatorias las que se manducan todos los marrones , quiéranlo o no, un castigo que semeja más humano que divino. Así que los más avisados ya hemos decidido recurrir a viejas estrategias de probada solvencia: iremos al Corpiño de Lalín y a quitar el mal de ollo . Total, de perdidos, al río.