Sobre la familia de Filomena Mera circulan las más variadas historias. Los orígenes de su fortuna los podemos rastrear en la madre, Amalia Somoza, que era viuda y poseía una inmensa fortuna en forma de tierras. Según cuentan los más viejos, Amalia se vio obligada a vender parte de sus bienes para no tener que pagar los tributos como marquesado. Algunos aún recuerdan cuando los caseros de sus propiedades le traían su renta; esos días, en su propiedad de O Castelo, en la zona vieja de la villa de Melide, se creaban largas colas de carros cargados de trigo, maíz, harina, leña, patatas, y otros productos de sus tierras. Sin embargo, son muy pocos los que recuerdan que a principio del siglo pasado su familia construyó el primer edificio moderno de Melide, para lo que se trajeron obreros de A Coruña. La memoria popular afirma que costó la friolera, para aquel entonces, de 45.000 pesos. En la actualidad, aún se puede admirar su fachada modernista, y alberga una sucursal del Banco Pastor que la eligió para un anuncio publicitario. Recibos en hojas de almanaque A pesar de esto, Amalia vestía de modo desaliñado. En invierno utilizaba como brasero un cubo de metal donde quemaba carozos de maíz. Tuvo tres hijos: Filomena, Carmen y Juan; y dividió su fortuna entre ellos. Mientras que el varón dispuso de su herencia, las dos hermanas conservaron el espíritu frugal y casi ascético de su progenitora. Sus propiedades se conservaron unidas gracias a que, tras la muerte de Carmen, su marido se casó con Filomena. La gente aún recuerda como este matrimonio ponía un día al año para cobrar las rentas de las tierras arrendadas. Lo hacían en el edificio donde se encuentra el Banco Pastor y utilizaban trozos de hojas de almanaque para extender los recibos. No hay duda, como afirmó el párroco de Melide, Antonio García Mourelle, que Filomena encarnó «o espírito dos Evanxeos» con una vida desprendida de todo lo material y sin dejarse cegar por el brillo de tantas riquezas.