En las pruebas se tienen en cuenta varios factores. En todas las situaciones hay unos protocolos que los socorristas deben seguir, y unos tiempos máximos y mínimos que pueden ser fundamentales a la hora de que la cosa acabe en aplauso o en óbito. Los voluntarios de A Coruña, Ourense y Pontevedra han hecho los deberes y saben, en general, salir del apuro. Y es que, a la hora de actuar, tienen que ceñirse a lo que Cruz Roja llama PAS (proteger, alertar y socorrer). Para darle más realismo a las distintas tragedias no se escatima en medios. Se utiliza maquillaje tan auténtico que cualquiera que no supiera de qué va la cosa se marearía. Los gritos de las víctimas, los ataques de histeria, todo es casi real. Los voluntarios utilizan unos muñecos a los que llaman RCP (reanimación cardio-pulmonar). El concurso de ayer incluía, además de los tres episodios terribles, otros dos un poco más serenos. La cuarta de las pruebas tiene que ver con la parte institucional de Cruz Roja y su conocimiento. En la quinta, los participantes tuvieron que demostrar sus habilidades sociales y su destreza en cosas como manejar una silla de ruedas o ayudar a una persona invidente. Entre equipos, víctimas y monitores en el concurso de ayer participaron unas cuarenta personas. Manolo Garrido valora satisfactoriamente el desarrollo de las distintas pruebas y dice que estuvieron muy logrados tanto los efectos especiales como los que tuvieron que hacer de histéricos, muy metidos en su papel. A las dos de la tarde los voluntarios de la organización descansaban en los alrededores del Multiusos de Sar, justo en el mismo lugar en el que, hace pocos días, tenían que atender a las histéricas de verdad que cayeron como moscas, presas de ataques de amor por Bisbal y Bustamante. Y es que la histeria es todo un reto para un socorrista.