XERARDO ESTÉVEZ COMPOSTELANEANDO
27 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Estos días se acaba de conmemorar el vigésimo tercer aniversario del inicio de las corporaciones municipales democráticas. Los que protagonizamos aquel acontecimiento ya somos más reserva que crianza. Guardamos una excelente impresión de aquella experiencia, que fue muy positiva porque todos éramos conscientes de nuestro compromiso al inaugurar una nueva era en la política municipal. El empuje y la ilusión con que entrábamos, quizá con una sobrecarga de ideología, se matizó en la relación humana que, andando el tiempo, cuajó en amistades cruzadas. En aquella primera comparecencia ante las urnas el resultado del PSdeG-PSOE había sido inferior a nuestras expectativas. Se invirtieron meses en redactar un libro, que guardo con mucho cariño, en el que se diseñaba un futuro para la ciudad que, por lo visto, era prematuro y no fue capaz de concitar la confianza general. A lo largo de los años se iría convirtiendo en realidad. Al frente de aquella corporación plural, José Antonio Souto Paz supo encarnar con talento y sensibilidad el necesario espíritu de diálogo, auspiciando un gobierno de concentración. Bajo su presidencia, los portavoces -Pepe Manteiga, Clemente González Peón, Pancho Candela, Manuela Fraguela y yo mismo- cada uno con su personalidad e ideas celebrábamos reuniones interminables en las que José Cortizas, secretario profesional y paciente, llevaba el registro de aquellas vehementes sesiones. La noche aciaga del 23-F, sin previo aviso ni premeditación, nos reúne en la casa consistorial en torno al alcalde, mirándonos unos a otros con sonrisas nerviosas, algunos cavilando a dónde ir si el golpe prosperaba y se imponía el paso a la clandestinidad. Fue una prueba de fuego, de la que la democracia salió fortalecida con el respaldo ciudadano. Con ese bagaje de diálogo y concordia que había contribuido tenazmente a instaurar, José Antonio Souto se va en 1981 pasando el testigo a Marcial Castro, que desarrollará un buen papel como alcalde durante los dos años restantes. Yo dejo el Ayuntamiento al mismo tiempo para incorporarme al primer Parlamento gallego. Aquel nuevo modo de ejercer la política para hacer cosas en común y no sólo para la confrontación ha sido, en mi opinión, el legado más relevante de la cosecha del 79.