«Engate» sobre ruedas

La Voz

SANTIAGO

NACHO MIRÁS FOLE EN DIRECTO Los usuarios dicen que los servicios de la Estación de Autobuses se utilizan como «picadero»

13 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

E mandan a la Estación de Autobuses para ver si hay ambiente. No se trata de contar cuánta gente va a Betanzos, sino de comprobar si el baño de los hombres es un lupanar. Antes de nada, hay que diferenciar dos cosas. Una es, como dice el Colectivo Gai de Santiago, que sea lugar de «engate», de ligue entre hombres. Eso me trae sin cuidado porque cada uno liga donde le da la gana, ya sea chico-chica, chico-chico, chica-chica o Mortadelo y Filemón. Pero otra es que haya fulanos que van a la caza de menores y que en los wáteres se monten chiringuitos de ordeñado. Me dedico a pasear. Hay gente con bolsas, conductores, repartidores, hombres y mujeres que van y que vienen... lo normal. Como nada me llama la atención me voy al baño, a ver si me acosan. Los urinarios tienen vistas. Mientras miccionas puedes ver los camiones de los bomberos, el Freire que llega del aeropuerto y la sede nacional del BNG. Alarma. En medio del proceso, se me adosa un tipo. Miro por el rabillo (del ojo, claro) y lo reconozco. Me mira. Es un clásico de los juzgados. Puede que, de casualidad, tenga ganas al mismo tiempo que yo. Pero mosquea saber que lleva un rato en el hall. Procuro no pararme, me lavo las manos y salgo. Mi admirador, que no se lava las manos, se da cuenta de que no es mi tipo y desiste. Voy a una tienda y hablo con la dependienta. Le pregunto si hay tema o no hay tema en la estación. «Home, aquí as cousas vense». Me dice que hay personas que se dedican a pedir con insistencia, a acosar a los viajeros y empleados económicamente, tipo dameuneuro, dameuneuro. ¿Pero hay algo sexual? Se pone colorada: «De cousas raras tamén se fala, pero eu non me entero. Eso é no servicio dos homes». ¿Y hay policía? Contesta: «Onte houbo porque falastes no periódico, pero normalmente non hai». Llevo un rato en el hall y hay varias caras que ya me resultan conocidas. No llevan maletas, ni periódico, ni paquetes. Llevan las manos en los bolsillos y se fijan en los demás. Me pide dinero Clemente, otro clásico de los juzgados. Siempre le faltan cinco duros para coger el bus a ninguna parte. En una taquilla me cuentan: «Claro que hay malos rollos, se ven. Hay uno, El bigotes, que llega todos los días a las siete de la mañana y viene a lo que viene». Me dicen que los que le dan al manubrio en los servicios «son más o menos los mismos de siempre». Y me garantizan que estos tipos siempre andan rodeados de raterillos jóvenes, de quince años, con los que se pierden entre las sábanas del papel higiénico. «O que fan alí sábeno eles, pero entrar entran». Y añaden que se les conoce porque no cargan bolsas, ni paquetes, porque llevan las manos en los bolsillos y porque se fijan en la gente. De repente caigo: «¡Yo llevo un cuarto de hora paseando por el hall, con las manos en los bolsillos, y ni llevo mochila ni nada!». Me pongo colorado cuando soy consciente de que, en cualquier momento, El bigotes me propondrá matrimonio. No puedo jurar que los que entran en pareja en el water de la Estación de Autobuses son amantes de cisterna. Pero es cierto que te observan mientras meas y eso no da buen rollo, no. Desde las taquillas exigen: «Aquí hace falta un guardia de seguridad todo el día».