MARCOS S. PÉREZ MI CALLE
15 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Una de las cosas más bonitas que se puede decir sobre la Alameda es que pertenece a todos los Compostelanos. Fue un regalo hecho en su día a la ciudad y hoy todavía pertenece a Santiago. No es que cada uno tenga un cachito, un pedacito de un metro cuadrado o así, sino que toda la Alameda es de cada uno, o puede serlo en un momento determinado. Seguro que todo el mundo ha sentido, aunque sólo fuese durante unos minutos, que el parque le sonreía, que era un lugar amable en el que era posible ser feliz. Quizás fue entre los brazos de la persona amada o tan sólo sentado al lado de don Ramón María (de Valle-Inclán), leyendo un buen libro. Fue en 1546 cuando los Condes de Altamira le hicieron este regalo a la ciudad. Ya no se hacen regalos como este. Hoy, sólo se compran corbatas para el día del padre y humillantes planchas con un lazo rosa en el día de la madre. Aquel sí que fue un gran regalo, que los compostelanos siempre disfrutarán. Siempre les ha traído suerte. Entre 1852 y 1855, en medio de un gran crisis económica que afectaba a toda Galicia, un gran grupo de peones de Santiago y alrededores consiguió ganarse su pan transportando la tierra que se sacaba de la Carballeira de Santa Susana. La Alameda es un gran lugar. redac.santiago@lavoz.com