MARIO BERAMENDI MI CALLE
04 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Tiene aire suburbial y la luz apenas se proyecta en este espacio que encarna el feísmo urbanístico del Ensanche. La calle Nueva es una longaniza en cuesta, inhóspita y ruidosa. Sin embargo, para muchos compostelanos, el lugar evoca recuerdos de adolescencia, imágenes vivas que iluminan en la memoria el sombrío paraje de asfalto. A principios de los 90, los jóvenes se congregaban en la calle las tardes noche del fin de semana. Los bares de las galerías los convertían en abejas que revoloteaban en busca de copiosas libaciones. Uno de los mesones, recuerdo, estaba regentado por un tal señor Suso, natural de Bembibre. Aquel hostelero, cuando nos reuníamos en su negocio, contaba historias de Brasil, país en el que había estado emigrado durante muchos años. Mientras la lluvia golpeaba la cristalera del bar, el señor Suso hablaba de las ligerezas en los atuendos de las cariocas. Apoyado desde la barra, sus anécdotas pícaras producían sonoras carcajadas en un grupo de adolescentes que soñaba con imitar aquellos episodios de desenfreno. Pero nosotros, en realidad, nos besábamos en una playa con adoquines y goteras, al refugio de los portales. Entonces, en la calle Nueva, las farolas eran más bonitas que las palmeras tropicales. mberamendi.santiago@lavoz.com