MARCOS S. PÉREZ MI CALLE
09 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El paso de peatones de la Senra hoy es un espacio de espera, de prisa. Un lugar en el que a las ocho de la mañana la gente mira el reloj, deseando que el dichoso hombrecito se ponga verde. Pero hace menos de un siglo (hay gente que aún lo recuerda) casi no había nada más allá de la Senra. El actual Ensanche no era más que un conjunto de leiras, los Agros da Carreira. Tan sólo estaban en pie unas pocas construcciones, como la empresa gijonesa de gas (en el solar que hoy ocupa el Araguaney) o el primer edificio Honorino. Entonces, la calle que hoy se llama Xeneral Pardiñas era el callejón de Matacáns, de poco más de un metro de anchura. La rúa da Senra era el final del camino (o el principio). Hoy es el centro de todo, el punto por el que todo el mundo pasa, en coche o a pie. En aquellos años, la gente importante no vivía en las afueras de Santiago, ¿o sí? Rosalía de Castro, que vivió en casi todas las calles de Santiago, al parecer, residió durante unos años al lado mismo de donde hoy la gente espera para cruzar ese dichoso paso de cebra. Pero, claro, hoy nadie piensa en esas cosas. Hoy la gente sólo tiene prisa. Para la mayoría la Senra sólo es ese dichoso paso de peatones que les hace perder un minuto de su tiempo. redac.santiago@lavoz.com