Álvaro Siza está molesto por determinadas intervenciones que afectan a su idea original del CGAC y Bonaval Si el Maestro Mateo levantara la cabeza y viese que algún «energúmeno» tapó el Pórtico de la Gloria con una fachada barroca quizás no se cabrease tanto como el arquitecto Álvaro Siza, que en una de sus visitas a Compostela ha mostrado su malestar por determinadas actuaciones que se han llevado a cabo en los últimos años en el edificio del CGAC y en el parque de Bonaval y que a su juicio han alterado su concepción original. Una polémica que resucita viejas desavenencias entre el artista y sus mecenas.
20 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.¿Hasta qué punto una obra es de quien la paga? El furor con el que las distintas administraciones españolas se han lanzado a la contratación de arquitectos estrella para sus obras más emblemáticas se está convirtiendo en un arma de doble filo. Al menos en Santiago. El arquitecto portugués ha reabierto las viejas heridas que provocaron las obras de reforma en el interior del CGAC, uno de los proyectos con más peso en su curriculum, según sus propias palabras. Es la ventaja de trabajar sin servidumbres hacia el poder. «Si después hacen lo que quieren, es mejor que no me llamen desde un principio», afirma el luso. El parque, precioso Siza ya ha expuesto sus quejas en el Ayuntamiento compostelano, reponsable de la intervención que más daño puede hacerle al museo. A su juicio, el aparcamiento de La Salle afectará de forma determinante a la imagen del CGAC y a su funcionalidad. Pero no todo son lamentos. En la última visita que hizo a Bonaval para decidir la ubicación de las nuevas papeleras se mostró «muy satisfecho» por el estado de conservación del parque, que resistió perfectamente el duro invierno. Siza se ha puesto a disposición del Concello para minimizar el impacto del aparcamiento y estudiar la mejora del entorno.