El director Lluís Pasqual cree que es un montaje para ver a Beckett sin «resignación cultural» El Teatre Lliure, con Lluís Pasqual al frente, desembarcó ayer en Santiago para presentar en el Principal su última producción, una versión del clásico «Esperando a Godot», con la que llevan dos temporadas. Con esta pieza de Beckett que todo el mundo parece haver visto, aunque después no tanto, regresa el Lliure a Galicia, un teatro cuyo futuro, según Lluís Pasqual, está en el terreno de los políticos porque «nadie en el Parlamento, que no sean ellos, puede votar un presupuesto en el Parlamento».
02 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La obra, prevista inicialmente para programar dos meses, tras una gira internacional, no cumplió las previsiones, para sorpresa de la compañía, y la buena acogida hace que lleven dos años con el montaje. Hecha inicialmente en catalán, el montaje, tras su éxito en Barcelona, fue traducido posteriormente al castellano, lo que, en opinión de Pasqual, su director, condicionó el espectáculo «porque cada lengua tiene su forma de pensamiento, su forma de expresión y condiciona un tipo de movimiento». Además, excepto la actriz Anna Lizarán, la única que estaba en el montaje en catalán, hubo que hacer otro reparto. El resultado del espectáculo, que a las ocho de esta noche estará en el Principal, ha sido en todas partes el mismo. Pasqual entiende que la gente acude a ver Esperando a Godot con una cara de «resignación cultural». Es decir, «creen que eso va a ser importante, va a ser pesado, pero es Beckett y hay que ir. Luego, al cabo de cinco minutos, se abren de piernas con Beckett, se relajan y cuando no se relajan gozan. Se dan cuenta de que Beckett no es pesado ni aburrido». Además, el director construyó Godot «con una sonrisa sobre el ser humano y una comicidad enorme en las situaciones, lo que no impide dramatismo». En resumen, el público entra en este Esperando a Godot con cara de «resignación cultural» y sale con otra cara completamente distinta, «contentos de haber descubierto a Beckett y contentos de no haberse aburrido y de encontrarse inteligentes». Así, por lo menos, es como los ve Lluís Pasqual. Él, para hacer esta obra, sólo necesitó ese texto extraordinario del cual han pasado 50 años. Un texto que, según el director del montaje, «ya no es ni tan absurdo, pues se entienden todos los diálogos».