Un Velázquez que se daba por perdido es la estrella de una exposición en el Hostal

CONCHA PINO SANTIAGO

SANTIAGO

Se expone con otras piezas de coleccionistas y a la par que las esculturas de Lorenzo Quinn La sala de exposiciones del Hostal de los Reyes católicos reúne desde ayer dos muestra tan opuestas artísticamente como atractivas. Entre la veintena de piezas de arte singulares de la primera parte está la réplica del retrato de Felipe IV pintado por Velázquez, la estrella de la sala por el hecho de ser una obra que se daba por perdida y que fue recuperada por un coleccionista que adivinó que bajo sucesivas capas de pintura se escondía un Velázquez. Y en la Capilla Real, esculturas de Lorenzo Quinn como contrapunto.

02 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Las «piezas maestras», como las definió al presentar esta muestra el experto en arte Francisco de Pablos, pertenecen a coleccionistas privados, por lo que es un lujo admirarlas en exposición publicas. Y es que frente al Velázquez está un Rubéns, asímismo rescatado del olvido; y al entrar en la sala se ve una maravillosa escultura de Rodin, propiedad de un pontevedrés, una de las siete copias originales que se conservan. Del pintor mexicano Diego Rivera hay dos cuadros de pequeño formato y la única obra de autor gallego es una Inmaculada de Gregorio Ferro, pintor del XVIII. En medio de todas ellas se distribuyen esculturas del compostelano Cándido Pazos, promotor del montaje junto con el galerista vigués Severo Pardo. Las piezas de Lorenzo Quinn las presentó Diego Bernal, para quien «más que un artista es un hombre capaz de decir un mensaje, un auténtico vitalista». El hijo del actor Anthony Quinn dijo, en perfecto castellano, que tenía ganas de volver a Compostela, donde expuso hace cinco años, «para algo más que comer percebes».